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domingo, 15 de octubre de 2017

Triatlón

El jueves, aprovechando la fiesta y el buen tiempo, nos marcamos un triatlón no previsto que ríase usted del Ironman.

Aunque no respetamos el orden estricto de la prueba, comenzamos con las bicis recorriendo los bidegorris de San Sebastián. El afán de exploración nos hizo decantarnos por ir hacia Lasarte y conocer ese nuevo tramo que lo termina de unir con Zubieta. La temperatura era agradable y la marcha no muy fuerte por lo que el paseo, aun siendo largo, no nos costó demasiado. Llegados a Zubieta, nos detuvimos a descansar en casa de unos amigos. Mientras los niños jugaban en el jardín,  nosotros charlamos largo rato hasta que el reloj de chorizo se terminó y nos tuvimos que ir. La vuelta fue más cómoda que la ida y estábamos en casa a primera hora de la tarde.

El día era demasiado bueno como para dejarlo pasar, nos cambiamos rápidamente de ropa y nos fuimos a la playa a darnos un chapuzón. El gusto de sentir el agua fresca en las piernas palpitantes nos llevó a pensar que el orden de las pruebas en el triatlón no es el correcto.

Como nos faltaba una disciplina más para completar las tres pruebas, al volver de la playa nos fuimos corriendo a por unos cruasanes para merendar.



PD: Que nos sirvieron de trofeos, todo sea dicho.