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lunes, 30 de octubre de 2017

Apaños

Llega el otoño, llueve en la calle y con el cambio horario la noche llega antes. Los niños estudian. Recostado en el sofá me invade el sopor de un domingo anodino.

De pronto, la imaginación vuela y nos imagino en una casa de piedra en algún valle pirenáico. Cubierto por mi manta siento el calor de la chimenea e incluso el aroma de las castañas asadas cosquillea en mi nariz. ¿Castañas asadas? Me levanto y me asomo por la puerta entreabierta de la cocina. Al fondo, Nieves me sonríe, pícara.



PD: El consuelo de los que no tenemos chimenea.
PD2: Esa puerta entreabierta "sin querer"...

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