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sábado, 15 de julio de 2017

La lesión

Y pasó.

Tres días de monte, después de cuatro meses de sequía, y algo en mi pierna derecha ha dicho que "basta por ahora, machote".

Lejos de la épica de la montaña en la que un esfuerzo titánico o una proeza atlética acarrean tantas consecuencias físicas como alabanzas de tus semejantes, lo mío ha sido de lo más corriente.

Volvíamos de una ruta que otros años había sido considerada "de descanso". El primer tramo, expuesto bajo un sol de justicia, nos hacía arrepentirnos de haber salido más tarde de lo habitual. Acumula dicho tramo casi todo el desnivel de la jornada siendo el resto, llanear por el bosque y descender por la carretera vieja.

En el llaneo ya me di cuenta de que algo no iba bien y el tendón bajo los gemelos me empezó a avisar. El descenso por el asfato no ayudó demasiado y llegué al hostal pidiendo una tregua.

Hasta ahí, aquello no habría pasado de una sobrecarga; uno o dos días de reposo y en marcha de nuevo. Sin embargo, camino de mi merecido reposo, el primer peldaño de la escalera me jugó una mala pasada. Un mal apoyo de puntera y las fuerzas me abandonaron, dejando que el gemelo se alargara hasta donde no podía.

El resto del día fue un navegar por internet, un tomar una pastilla antiinflamatoria, un untarse una crema tópica y un recordar a mi amigo Marc que, a buen seguro, habría sabido qué decirme.

PD: Por si me estás leyendo, Marc, puedo andar en llano pero si apoyo la puntera para levantar el cuerpo, esto duele de narices (para ser exacto, justo por debajo del gastrocnemio).

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