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miércoles, 23 de noviembre de 2016

Uzturre (7.300 dm.)

La semana pasada Asier fue de excursión con el colegio a Uzturre (7.300 dm.), desde Tolosa. La víspera habló con el profesor sobre la costumbre de los buzones y rellenó una nota con sus compañeros para dejarla al día siguiente. No llegaron a la cumbre, la excursión terminó en la cruz y la nota volvió a casa.

Este sábado, 19 de noviembre, terminamos lo empezado.

Llegamos temprano a Tolosa y redesayunamos en Eceiza, junto al Beotibar: cruasanes (épicos) y merengue (mejorable). Salíamos concienciados y alegres del establecimiento cuando pasamos frente a unas carpas. Allí, las participantes de un concurso se exhibían impúdicas a la contemplación del público.


Unos metros más adelante, la mesa del jurado más envidiado de Tolosa esperaba vacía.


Regresábamos al coche cuando otra carpa nos llamó la atención. Habida cuenta de nuestra falta de premura por lo sencillo de la ruta, alargamos nuestra estancia en la antigua capital para dar un paseo y ver qué se cocía por allí.

Cocer, lo que se dice cocer, no se cocía nada pero algo ya picamos y un semiahumado y no picante derivado del cerdo se fue para la mochila.

(y algo más, al buche)

Ya más tranquilos, nos llegamos hasta la ermita de Izaskun y comenzamos a subir. El paisaje enseguida se enfrenta con la cima y avanzábamos tranquilos, disfrutando del día.


Nos cruzamos con mucha gente que seguía nuestros itinerario pero con diferentes objetivos. Salvo alguna excepción, todos vestían zapatillas y lucían mallas y ropa de corredor (lucir es un verbo muy adecuado en este caso). Nosotros les dejamos tranquilos en su entreno y continuamos rumbo la cumbre mientras se desviaban hacia la cruz.


Hasta ese momento, Asier había ejercido las labores de guía pero, a partir de ese punto, nos adentramos en terreno ignoto. Su sentido de la orientación no falló y nos dirigió el resto del camino con sabiduría (todo p'arriba).

La cima está cubierta de árboles y arbustos pero no tuvimos excesiva dificultad en encontrar el vértice geodésico y los cuatro buzones. Uno de ellos estaba roto y en otro había una par de libretas con anotaciones de quienes habían ascendido antes que nosotros; las leímos y añadimos las nuestras. Dejamos la nota en un tercero y nos dispusimos a dar buena cuenta de nuestras viandas bien paseadas.


El día permanecía fresco y despejado aunque ya se adivinaba alguna nube por el horizonte. Recogimos y descendimos a la par del sol, sin detenernos hasta llegar al bar de Izaskun. Empezaba a refrescar y se imponía un café caliente al cobijo de un techo para cerrar la jornada. Sin embargo, al entrar, una treintena de jubilados ocupaban todas las mesas en una celebración sacramentada (a ver esos análisis el lunes...). Algo tristes, pedimos en la barra nuestros cafés con intención de no permanecer allí mucho tiempo. Nada más lejos de la realidad. El dueño nos sirvió con una sonrisa y nos abrió una salita aledaña para que estuviéramos tranquilos. Bendito él.

PD: En la ETB1, la Sociedad Deportiva Gernika ganaba 1 a 0 al Bilbao Athlétic.




4 comentarios:

Ander Izagirre dijo...

¡Las croquetas de Uzturre!

(Estoy viendo el Popocatépetl y me pregunto si quizá fue el primer cincomil que subió un vasco. Podría ser, ¿no?).

Sergio dijo...

No sabía lo de las croquetas... pero ahora ya lo sé (y no diré más, por ahora). Respecto al cincomil, yo creo que podría ser el Urdaburu (5.980 dm).

Anónimo dijo...

Qué suerte, un padre montañero con sus hijos montañeros, guardianes de sabias tradiciones*, un sábado cualquiera, sin deporte escolar. Otro gran día.

(*) no todas las tradiciones son sabias.

Iñaki

Sergio dijo...

Tú también guardas bien las tradiciones, Iñaki. Respecto lo del deporte escolar... otro día hablamos.