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viernes, 11 de noviembre de 2016

Sonríe, Asier.

Todo empezó hace un par de años en una revisión rutinaria en el dentista:

_Mmm, habrá que vigilar ese colmillo, a ver si no le sale torcido.- dijo al aire la médico.

Continuó al año siguiente:

_Bueno, bueno, a ver si se puede librar pero ese colmillo no me gusta por dónde va.

Y, tras trabajárselo durante tres años, la última visita fue la definitiva:

_Habría que poner aparato al chaval porque...

Y continuó con un relato terrorífico sobre la mala mordida, los problemas de mandíbula, el desgaste de los dientes... En definitiva, nos planteó un destino del chaval próximo a esto:

(Christopher Lee aka Drácula, dándolo todo)


La verdad es que aquel diente tenía visos de no servir en un futuro mas que para abrir latas de cerveza. No dudo del éxito social que semejante habilidad le podría deparar en su vida venidera entre sus amigos pero, aun a riesgo de parecer malos padres, decidimos ponernos en manos de los profesionales.

Esta semana, ha comenzado la transformación que llevará a la sonrisa de Asier hasta las más altas cotas en cuanto a alineación y eficacia en la masticación se refiere. En algo más de un año la dentista le ha prometido la perlada fila de James Bond. Una cosa tal que así:

(Sean Connery postulando por un anuncio de dentífrico)


Sin embargo, al menos durante ese tiempo, habrá que buscar en el reparto de la saga del ínclito agente secreto británico algún actor que se asemeje más a su apariencia actual. Richard Kiel tiene un aire, aunque Asier no es tan grande.



Me asaltan las dudas sobre el procedimiento al pasar por los arcos de seguridad de los aeropuertos.

PD: Aunque no tenemos previsto desplazarnos por ese medio durante ese plazo.

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