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martes, 8 de noviembre de 2016

Arditurri.

El lunes, 31 de octubre, aprovechamos esos días regalados de sol y calor otoñal para realizar una ruta bicicletera deseada de hacía tiempo. Recordaba que mi amigo, iK, la había hecho en su día con sus lolos y le eché un vistazo a su blog. Así, con todo organizado, comprobamos altura de sillines, vestimenta, avituallamiento y presión de las ruedas y nos dirigimos desde la puerta de casa hasta las minas de Arditurri por un sinuoso bidegorri.

Y es que el camino sube y baja varias veces aunque nada que un entrenado manejo de platos y piñones no pueda solventar con facilidad. Pasamos por la urbanizada Herrera, Pasajes y, cuando rebasamos la vieja papelera de Rentería, nos encontramos con una sorpresa.


En esa zona, el río aún baja limpio y no hay lodos en el fondo. Un variopinto grupo de anátidas hizo las delicias de los muchachos sobre todo cuando dos de ellas se enzarzaban en una pelea a graznidos por quién sabe qué motivo.

Enseguida llegamos al comienzo del bidegorri de Arditurri y, sin casi darnos cuenta, nos fuimos internando entre los prados y caseríos de Oiartzun, en un paisaje rural que no esperábamos. El camino, en suave pero constante pendiente, nos llevó hasta las minas. A los pies de las Peñas de Aia, comimos tranquilos y disfrutamos de un descanso merecido.


Tras el bocadillo, unos ruidos al fondo despertaron nuestra curiosidad. Dos hombres trabajaban en una txondorra. Lo más seguro es que los colegios la visiten en su día; no creo que sea antes del año nuevo porque tampoco se les veía muy atareados.


El retorno cuesta abajo precisó más frenos que pedales y regresamos con toda la tarde por delante.

Y es que lo de las distancias largas y la bici es todo un gustazo.

PD: Hay algo de mágico en eso de ir cambiando de paisajes a golpe de pedal.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay algo [MUY] mágico en eso de ir cambiando de paisajes a golpe de pedal. ZORIONAK.

Iñaki

Sergio dijo...

A ti por las pistas.