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viernes, 30 de septiembre de 2016

Balankaleku (9.850 dm.)

El pasado sábado, 24 de septiembre, con suave viento sur, terminamos la temporada de playa y volvimos al monte. En esta ocasión, el elegido fue Balankaleku (9.850 dm.), en los límites de la sierra de Altzania.

Teníamos pensado subir desde el puerto de Etxegarate con lo que el redesayuno se nos complicaba. Tampoco era cuestión de hacerlo en cualquier gasolinera y lo que nos ofrecía el restaurante del puerto no cumplía los mínimos establecidos. Así, al pasar por Alegia me acordé de Route 33, un Ogiberri vitaminado en el que ya habíamos recalado para avituallarnos alguna vez.



Dejamos el coche junto al abandonado Hotel Buenos Aires, resto de otra época en la que pasar por Etxegarate en invierno era toda una odisea; la experiencia de mi padre, una noche de Nochebuena, con ventisca y tras un camión, así lo atestigua.

La ruta que nos proponíamos hacer era una circular con variaciones (según fuera surgiendo). Comenzamos a andar y unas manchas de pintura aparecieron tachonando el camino. Eran las marcas de una carrera de montaña y coincidían con nuestras intenciones, con lo que las seguimos. Según avanzábamos, restos de túmulos, dolmenes, etc., entretenían nuestro caminar. La senda estaba relativamente limpia y avanzábamos cómodos.

El viento sur continuaba y nos empezamos a arrepentir de no haber ido a un monte con castaños. Las hayas dominaban la escena, amén de los helechos, alguna zarza esquilmada de moras y algún avellano que otro del que recuperamos un par de docenas de avellanas.



Llegando a la zona de cumbre, atravesamos un pequeño bosque de cazadores con puestos muy bien montados y alcanzamos la loma cimera. El camino de marcas amarillas lo bordeaba, con lo que nos desviamos y nos metimos de lleno en el helechal. Del buzón de la cumbre (realmente, próximo a la cumbre) no quedaban mas que los restos. Aun así, dejamos nuestra nota y nos entretuvimos un buen rato contemplando las sierras de Aizkorri y Aralar. Aratz, Aizkorri y Aitxuri por un lado y el Txindoki por otro, todo un paisaje de regalo para una cima tan modesta.



Para el descenso, retomamos el sendero que habíamos dejado y empalmamos con el GR. En un recodo del camino comimos algo y seguimos, ya sin detenernos, hasta el coche. Era temprano y hacía buen tiempo. Un chapuzón en la playa cerró un sábado redondo.

PD: Si hubieramos dado un paseo en bici nos habría salido un día de triatlón.
PD2: Terminó la temporada de playa, no de baños.

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