www.flickr.com

miércoles, 17 de agosto de 2016

"Los vascos".

Llevamos muchos años yendo a Valdeón, tantos que no hay tango que los cante. Sin embargo, estrenamos ruta nueva. Volvemos de Montó con víboras, culebras, sirones y rebecos en nuestras pupilas (bueno, solo un rebeco). Estamos ya próximos a enlazar con la carretera de Prada cuando nos cruzamos con una señora. Viste unas sencillas botas, un pantalón de lo que pudo ser un chandal y un jersey azul; en su mano, una vara grande. Al llegar a su altura, nos detenemos. Estamos solos, Asier y yo; Nieves y Aimar aún no nos han alcanzado.

_Buenos días,... buenas tardes ya.- saluda ella.
_Hola, buenas tardes.- contestamos.
_Qué, dando un paseo ¿no? ¿Estás cansado, majo?

El majo es Asier, el cansado yo.

_No, ahora vamos a jugar con los amigos del pueblo.
_¿Con los de la farmacia?
_Sí, también, pero con los de la plaza.

Los muchachos han hecho buenas migas desde hace unos años con unos chavales de su edad. Bueno, más o menos, ya se sabe que los grupos de niños en los pueblos son de edades variopintas.

_Ah, ya los conozco.
_Venimos de Montó- me adelanto. ¿Usted adónde va?
_Pues el médico me ha dicho que tengo que bajar unos kilos que he cogido este invierno. Voy a Santa Marina.

La mujer se va a meter entre pecho y espalda una ruta de más de diez kilómetros y con unas pendientes iniciales respetables. Seguimos charlando y aparece Nieves con Aimar.

_Hola, majo. ¿Habéis visto vacas allí arriba?
_No- contesta Aimar- pero sí un rebeco. Le he hecho un vídeo.
_Pues vacas sí que hay porque mi hijo es guarda y me ha dicho que están por ahí.
_Hemos llegado hasta la caseta.- comento.
_Era una ruta muy bonita. Hemos visto serpientes.- dice Asier.
_Pues antes- y la señora se dirige a los chavales- por la mañana les subíamos el desayuno a los que guardaban las vacas allá arriba y luego para abajo. Y a media mañana, otra vez arriba con la comida.



Seguimos conversando y los temas cambian.

_Pues aquí ando yo también- continúa. Por la mañana he estado con la que estaba antes en la panadería.
_Ah, ya sé quién es.- dice Nieves.
_Pues la pobre está con una alergia por la harina. No puede ni trabajar. Ya me ha dicho que habíais vuelto otra vez este año. "Ya están por aquí los vascos", me ha dicho.

Y así las cosas, nos despedimos. Ella sigue para arriba, "los vascos" vuelven a Posada.

PD: "Los vascos" también saben investigar y le ponen nombre a la señora en cuanto llegan al hostal.
PD2: Gracias, Juana.

No hay comentarios: