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martes, 26 de julio de 2016

Valdeón, zona libre nuclear.

De todos es sabido que, tras un incidente nuclear, cualquier interacción con un ser vivo afectado por la radiación tiene como resultado la transferencia de ciertas características del ser mutado hacia su receptor. Es quizás una de las enseñanzas más profundas de los cómic de MARVEL, con Spiderman y Hulk como insignes ejemplos.

Ya comprobamos en su día que Donostia está libre de radiación. Hace un tiempo, a mi hermana le picó una araña y estuvo que se subía por la paredes, aunque el efecto no fue duradero. Por otra parte, durante estas vacaciones, Nieves se rozó con unas ortigas. Estuvo muy irritante el resto de la mañana pero puede que fuera por otro motivo (no entraré en detalles). También tuvimos un incidente en el que a Aimar le picó una abeja. El pobre salió zumbando pero tampoco hemos detectado efectos permanentes en su comportamiento aparte de la natural aversión por cualquier tipo de aleteo; su gusto por la miel ya lo tenía antes de la picadura.



Por mi parte, en una de esas duras ascensiones en las que acostumbro a maravillarme con el paisaje, motivo por el cual avanzo con la boca abierta de la emoción, algún tipo de insecto fue incontroladamente aspirado e introducido en mi sistema respiratorio. Tosí, escupí, gargajeé y, sobre todo, estuve un rato mosqueado pero, una vez más, ningún otro poder o característica insectil fue transferido a mi ADN.

De todo esto se concluye que la zona de Valdeón se encuentra libre de efectos nucleares procedentes de la radiación con los que os invito a que vayáis a pasar unos días a disfrutar como todo el mundo, trepando como cabras.

PD: Eso sí, con las tostadas del desayuno se nos ha quedado un poco de cara de torta aunque, pensándolo bien, la harina la traen de fuera.


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