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martes, 10 de mayo de 2016

Everest 1996.

Hoy se cumplen veinte años del famoso desastre del Everest. Hace tiempo, antes de saber detalles de los hechos, antes de la omnipresencia de internet, compré y leí los libros de Jon Krakauer, Mal de altura, y de Anatoli Bukréyev, Everest 1996, donde se relatan los acontecimientos de aquel 10 de mayo; los leí en ese orden. Tras terminar el primero, creí tener una visión bastante fiel de los hechos que sucedieron. Sin embargo, cuando pasaba la última página del libro de Anatoli me di cuenta de una cosa: su libro no sería un éxito de ventas, pero la "verdad" de Jon Krakauer ya no era tal.

Reconozcámoslo, el estadounidense es jodidamente bueno escribiendo. Su relato te atrapa y las tergiversaciones, las verdades a medias y las críticas veladas, las lees y te las crees sin darte cuenta; son tan bonitas, es todo tan romántico. El kazajo no escribe su libro directamente, es G. Weston DeWalt quien ordena y transcribe su relato. Sin embargo, en esa transcripción no se pierde nada y los hechos se revelan de una forma más directa y clara, cruda y sin florituras.

No seré ingenuo. Soy consciente de que es imposible juzgar la actitud de la gente en una situación de vida o muerte pero, por eso mismo, los hechos descritos por Bukréyev se imponen a la crítica cómoda de Krakauer.

Pero, ¿qué importa? ¿verdad?

Pues algo sí que me importa. Esos dos libros, como en su día sucediera con Annapurna, primer ochomil, de Maurice Herzog y Cuadernos del vértigo, de Louis Lachenal y Gerard Herzog, nos dan dos visiones de una misma situación. Y, en realidad, reflejan las mismas situaciones a las que nos enfrentamos todos los días y que vamos juzgando de una u otra manera según nos hayan llegado, o no, todas las informaciones de los diferentes puntos de vista.

Y aquí quería yo llegar. No a hablar de montañeros, no a hablar de montañas, que ahí seguirán, las subamos o no, sino a hablar de nuestra visión de los hechos, juzgados por la información que nos llega o que dejamos que nos llegue. El otro día liberaron a tres periodistas en Siria de los que yo, particularmente, no tenía noticias de que estuvieran secuestrados; no era primera plana en los telediarios. Incluyo, que no excuso, en mi desconocimiento, mi abotargamiento ante la avalancha de noticias importantemente inútiles de los medios habituales. En definitiva, y a lo que iba, hay mucho más periodismo que el que se ve en las portadas de los diarios; aquí y aquí, por ejemplo. Está en tus manos juzgar los hechos por la información que quieras recibir.

Busca y lee.

PD: Perdón por el rodeo.
PD2: Del libro de Krakauer han hecho una película, de Hollywood.

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