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viernes, 15 de abril de 2016

Otsabio (8.010 dm.)

El sábado, 9 de abril, después de un invierno casi en blanco (y no por la nieve), la familia entera volvió por sus fueros. Buscando, buscando, tiré de memoria y recordé haber visto una excursión interesante en el blog de Iñaki. La encontré en Otsabio (8.010 dm.), aunque no por la ruta que hizo él. Comenzaríamos a andar desde Altzo. No queríamos hacer todo el cresterío y, de esa manera, también tendríamos tiempo de conocer el pueblo.

Como redesayuno, optamos por parar en Tolosa, en Eceiza, pero algo se conjuró en nuestra contra porque pasamos de largo y no hallamos dónde dejar el coche. Decidimos no contrariar al destino, nunca se sabe por qué actúa así; bueno, no siempre. Junto al desvío que nos llevaba hasta Altzo, encontramos la respuesta y cogimos lo necesario para la ruta.


 La jornada se presentaba lluviosa. Nada que nos importara, pues de todos es sabido que, si te mueves, no te enfrías; y frío tampoco hacía demasiado. Pero sí que llovía con ganas y la aproximación nos llevó más de lo deseable (prudencia, amigo conductor, en las estrechas carreteras de la montaña guipuzcoana). Para cuando apagaba el motor, el diluvio se tornaba en suave Sirimiri. Calzamos las botas, atamos los chubasqueros y, al rato, el agua cesó por completo.

 El camino era una pista cementada y pasamos por granjas con todo tipo de animales, ciervos incluidos. Dos de ellos nos llamaron especialmente la atención:

Unos pollos mineros,


, y unas ovejas acaloradas.


Desde su atalaya, una ardilla permanecía atenta a nuestros movimientos.


Terminada la geografía humanizada, comenzó la pista de tierra (también humanizada, pero menos). Los pinos dominaban las laderas cuando, tras un recodo, encontramos La frontera. Nos detuvimos para descansar y aproveché para lanzar una pregunta, que os extiendo a vosotros: ¿Qué de extraño veis en este camino? No sigáis hasta responder.


Obtuve tres respuestas, una de cada miembro de la familia. Os las detallo a continuación, sin especificar su autor:

a.- A un lado del camino están plantados los pinos nuevos y al otro, el bosque viejo de hayas. En los pinos hay hierba debajo y en las hayas, no.
b.- El camino separa dos biomas, el de los pinos y el de las hayas.
c.- A un lado hay hongos y al otro níscalos.

Hubo premio para todos.

Al rato, nos enfrentamos al último tramo. Un hito indica la ruta a seguir porque el lapiaz y las hojas borran cualquier huella precedente; Aimar añadió la piedra de la familia.

(hito equilibrista)


Estábamos inmersos en la niebla. No era muy densa, aunque sí fría. Nos abrigamos al llegar a la cumbre, dejamos la nota en el buzón y comimos algo.


Emprendimos el regreso y, al llegar a Altzo, el cielo se abrió y terminó de caer todo el agua que quedaba. Por fortuna ya llevábamos puestos los chubasqueros y entramos en la única taberna del lugar para tomar algo y preguntar por el famoso gigante. Cuando amaimó, salimos a buscarlo. Llegados al otro extremo del pueblo, junto a un frontón donde unas niñas jugaban una competición de pala, lo encontramos; la verdad que impresionaba.
 



PD: Pensamos en que Aimar se subiera encima de Asier, pero ni por esas.

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