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domingo, 13 de marzo de 2016

Los atmosféricos también son unos fenómenos.

Con el despertador aún sonando (algo de música, nada de timbres o similares), me incorporo y comienzo la rutina diaria. Me levanto, me calzo las zapatillas, me pongo las gafas, subo la persiana y me asomo. Hace mucho frío. El Sol aún no ha salido por el horizonte pero, allí por donde tiene que aparecer, se vislumbra un tenue cono de luz. No recuerdo haberlo visto nunca por ahí y me extraña, pero a la neurona aún le falta un café para comenzar a funcionar y lo dejo estar.

Pasan los minutos y me vuelvo a asomar. El Sol ya ha salido y, a sus extremos, un par de arcos irisados brillan extrañamente. Giro la cabeza por si es un reflejo de las gafas pero siguen en su sitio. Me las quito y las limpio, pero se mantienen ahí. Entonces voy a por la cámara de fotos y, mientras la saco, intento recordar el nombre del fenómeno atmosférico que estoy contemplando.


¡Ya recuerdo! Es un parhelio. Además, todo concuerda: el frío de la mañana, los cirros en lo alto,... Seguramente haya hielo en esas nubes que son las que producen tan curiosa refracción.

No lo había visto nunca hasta ahora, y lo añado a la gloria que vimos hace unos años. Menudo fenómeno, da gusto verlo.

PD: Me pregunto cuánta gente habrá levantado la vista al cielo esa mañana, cuántos se habrán maravillado, cuántos habrán buscado una explicación a lo que ha estado viendo.

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