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sábado, 2 de enero de 2016

Propósitos de Año Nuevo.

Uno de mis propósitos de fin de año, para el Año Nuevo, fue el de no ponerme nervioso cuando algo no sale como quieres. Siempre es mejor intentar buscar una solución antes de mandarlo todo a paseo. Quedó muy bonito cuando lo pensé (y lo grabé) pero no sospechaba que fuera a tener que ponerlo en práctica tan pronto.

El 1 de enero, despertó nublado. A Nieves le apetecía darse un chapuzón en la playa, como el año pasado, pero yo me había levantado perezoso. Con todo, los muchachos y yo llevamos las cometas, aunque no parecía soplar demasiado viento. Para evitar llenarme de arena, bajo el chándal me puse el traje de baño y nos fuimos dando un paseo.

El viento apenas levantaba las cometas para dejarlas darse un mamporro cuando cesaba. Aprovechamos para jugar un poco con el balón, cuando Nieves salió del agua.

_¡Está buenísima! ¿No te animas?

En ese momento me entraron las ganas de empezar el 2016 como hicimos el 2015. No fue un mal año, así que igual era buena idea al fin y al cabo.

_¿Has traído la tarjeta del patronato (de deportes)? - me preguntó.
_Vaya, no.
_Que pena.

Tampoco era cuestión de darse un baño sin ducha caliente posterior; eso era obvio. Sin embargo, recordé mi buen propósito y pensé: ¿Pena? ¡Hoy, no!

Cogí la mochila, les dije a los muchachos que me iba al agua y me fui a las cabinas. Tenía unas monedas por ahí guardadas y me dirigí a las taquillas. Lo estaba consiguiendo.

_Mmm, tienes poco tiempo, majo. Cierro a la una y media y ya son y cuarto.- me dijo el de las cabinas.
_No importa- le contesté- tampoco voy a aguantar mucho.

Me cambié rápido y salí, justo a tiempo para pillar tres olas gigantescas que me hicieron recordar con nostalgia la mar en calma del año pasado.

_Tal vez sea una señal de que va a ser un año turbulento - comenté con Nieves.

Y me tiré de cabeza.

Llevaba en la mano la cámara, que había llevado para grabar las cometas, pero cuando la puse en marcha para dejar constancia del evento, la batería dijo que, nanay, y que ella ya no trabajaba más. Un ligero sentimiento de frustración se intentó apoderar de mi, pero me repuse.

Salimos del agua y nos dimos una ducha caliente. Devolvíamos la llave a la una y veintinueve. Mientras Nieves iba a por los niños, yo me dirigí de nuevo a la orilla. Llevaba el móvil en la mano, y sonreía. Si no podía sacar un vídeo con la cámara, lo haría con el móvil. La bahía presentaba un aspecto cuando menos poco acogedor y primero hice una foto. Cambié el modo a vídeo y el teléfono se alió con la GoPro, diciéndome adiós en silencio.

No me importó, me valía con la foto.


PD: Con el oleaje, me puse de oligoelementos hasta arriba.

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