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domingo, 24 de enero de 2016

Bienvenidos a Astiz.

Buscábamos un sitio donde dejar el coche, y lo encontramos en el desvío a las cuevas de Mendukilo.  Había una campa nevada cerca y nos pareció un buen lugar para volar el nuevo juguete del Olentzero. Estábamos solos, pero no por mucho tiempo. El resto de vehículos con niños ávidos de nieve nos vieron a un lado de la carretera y se detuvieron pensando que ese era un buen lugar; así somos los animales gregarios.

Y el caso es que lo era. Enfrente, una cuesta nevada (bastante más pequeña que las de Albi pero apañada) satisfizo las ansias de deslizamiento infantil, vistos los chillidos emitidos. Nosotros, una vez agotadas las baterías, sacamos el txanpero/trineo y ocupamos nuestro lugar en la pendiente. Lástima que la nieve caída no fuera suficiente y yo me manchara más de un color innoble que de blanco.

Era aún temprano cuando nos cansamos de subir y bajar. Enseguida descartamos comer la tortilla francesa y el embutido fríos y sopesamos regresar a casa. Una buena idea de Asier nos llevó a ir a conocer el resto del valle. En su día estuvimos en Oderitz con un muy buen recuerdo; a ver hasta dónde llegábamos hoy.



Y llegamos a Astiz. Aimar ya había estado con el colegio hacía un par de años y decidimos detenernos para dar un paseo.

(parrillas de frigorífico recicladas)


El pueblo es pequeño pero muy bonito. Subimos, bajamos, jugamos un poco con la nieve y regresamos hacia el coche cuando lo vimos: el albergue. Entramos con curiosidad y entonces ...



No hizo falta más para saber que habíamos llegado a nuestro destino. Pregunté, con respuesta afirmativa, por unos huevos fritos con txistorra y nos quedamos a disfrutar de la tarde: comimos pausado, jugamos con los juegos de mesa, tomamos café y helado (cada cual lo suyo) y regresamos a casa con la sensación del deber cumplido y un sitio más en nuestro álbum de recuerdos.

Días después, Imanol me avisó del menú que se escondía en la sala del mirador. Ese día no lo echamos en falta pero me lo guardo para la siguiente.

PD: Y una visita a las cuevas ¿verdad, Imanol?

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