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lunes, 18 de enero de 2016

Adaptándose a las circunstancias.

El sábado, 16 de enero, tras las recientes nevadas, algo dentro de nosotros nos pedía pisar mullido, pero no hierba. Como siempre en estos casos, consultamos con nuestro guía favorito por si conocía la situación de primera mano y decantarnos entre una ruta u otra. Cómo no, nos dio información actualizada y escogimos la ascensión a Txorrotxeta por Frantsez Erreka.

En un principio, con los dos pares de raquetas de que disponemos podríamos apañarnos. Aimar no pesa demasiado y Asier tampoco, amén de que éste último calza un 38 y posee su propia raqueta natural. Sin embargo, una pequeña lesión en el aductor mayor de Aimar ese mismo jueves, nos dejó a Asier y a mí como únicos representantes familiares. Y así, el sábado, temprano, nos encaminamos hacia Lekunberri.

No éramos los primeros, no quedaba ningún cruasán como Dios manda. Únicamente uno con los bordes untados en chocolate duro y unos lacitos de hojaldre nos separaban del ayuno, con lo que los aceptamos a rebañadientes. Sí, no es un error, digo rebañadientes porque el cruasán estaba relleno de una nocilla que nos dejó una dulce sonrisa, y un pegajoso trabajo posterior.

Salimos contentos, sabiendo que el resto de la gente iría hasta las campas de Albi y, previsiblemente, no tendríamos mayor problema en aparcar. No lo tuvimos, pero no donde pensábamos. Justo al comienzo del camino, a la altura del primer desvío hacia los pueblos de Larraul, una patrulla de la Policía Foral impedía el paso. Lo más seguro que el quitanieves estuviera franqueando el camino hasta el Santuario pero, mientras tanto, nadie podía subir. Tras un instante de duda, tomamos el desvío hacia la izquierda y buscamos una campa. Pasamos por Alli antes de encontrarla.



En el maletero llevábamos algunos artilugios para complementar la jornada, y daríamos buen uso de ellos.



A fe que lo hicimos.

PD: Y con broche final.
PD2: Continuará.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Que continúeeee! ;-)

Iñaki M.