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sábado, 19 de diciembre de 2015

Retorno a Santurde.

Este pasado puente de diciembre escogimos, para la escapada anual con nuestros amigos de Bilbao, la sierra de la Demanda, en la zona riojana. Establecimos nuestro centro de operaciones en Santurde, muy cerca de Santo Domingo (el de la Calzada, no el de la isla). Ya habíamos estado con otros amigos en el pueblo pero, como con unos y con otros hacemos cosas distintas, había que estar preparado.

Recordé haber leído en el blog de Iñaki que frecuentaba la zona del río Tirón, aledaña a la nuestra, y abusé de su amistad preguntando por lugares bonitos, ascendibles y accesibles. Amén del Pico San Lorenzo, techo de La Rioja y de la sierra, me detalló varias rutas más, que anoté con cuidado.

Habíamos previsto ir al monte dos de los tres días. Contábamos con un nuevo miembro del grupo, de poco más de tres meses de vida, y teníamos que adaptar las rutas para él. Realmente no porque fuera a venir con nosotros, era demasiado pronto para mochilas, sino porque no queríamos que el grupo se separara demasiado tiempo; al fin y al cabo, solo estamos juntos esos días, y hay mucho que contar. Llegado el momento, terminamos yendo todos al mismo sitio, aunque no al mismo tiempo.

Hace muchos años que mantenemos la tradición de ir juntos por estas fechas y siempre hemos tocado nieve. Más o menos, pero siempre lo hemos hecho. Por diversas razones, los dos días de monte se tornaron en uno, y la salida en grupo se dividió. Por un lado, los representantes del este, dirigimos nuestros pasos al Pico San Lorenzo. El otro grupo, vascos del oeste y del sur, visitarían Ezcaray por la mañana, antes de regresar. Guardé las rutas de Iñaki para otra ocasión, tal vez más próxima al verano.

El día de monte amaneció entre la niebla y dudamos. Sin embargo, un atisbo de clarear se percibía por el sur y salimos rumbo a la estación de esquí de Valdezcaray. El resultado fue comenzar a caminar pasadas las doce.



Mantenemos unos criterios para la montaña en invierno. Siempre dejamos una hora de colchón respecto a la puesta del sol por si acaso (un por si acaso que ya hemos agradecido alguna vez) y contamos que tardaremos lo mismo en subir que en bajar (que no es, pero como sí). Con esas premisas, andaríamos hasta las dos de la tarde, llegáramos hasta donde llegáramos.

La ruta al Pico San Lorenzo, asciende por la pista de esquí; pista de piedras en este caso. Son 7.000 dm. de desnivel, pero se deja subir sin mayores complicaciones y las vistas sobre el valle valen la pena. Ante la falta de manto blanco (salvo en la zona cimera), no es bonita, no es agradecida, pero tampoco le íbamos a hacer ascos.

A las dos de la tarde, a menos de doscientos metros de coronar la cima, nos dimos la vuelta. La cumbre estaba al alcance de la mano (de una mano de doscientos metros) pero no importaba, así tendríamos tiempo de jugar en las manchas de nieve. Los muchachos encontraron lo que parecían los restos del parabrisas de una moto de nieve y lo usaron de trineo hasta que fue el momento de volver.



Bajando de la estación, recalamos en el bonito pueblo de Ezcaray donde, unas pocas horas antes, habían estado paseando nuestros amigos.

El resto de los días nos dimos unas caminatas, carrito de bebé incluido, hasta Santo Domingo y disfrutamos de la feria medieval, bocadillo de chorizo del medievo mediante; sin embargo, no encontramos los famosos lechones girando sobre brasas ardientes. Charlamos, cocinamos, nos reímos. En definitiva, disfrutamos durante esos días de la compañía y de una amistad forjada durante mucho tiempo.

PD: Y nos olvidamos de votar quién hizo la mejor cena.
PD2: La nonna quedó contenta.

2 comentarios:

Iñaki Munain dijo...

Os quedásteis a 200 m de cima: al más puro estilo himaláyico ;-) Zorionak.

Sergio dijo...

La montaña es así; volveremos; las condiciones no eran las adecuadas....