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viernes, 9 de octubre de 2015

Iruntxur (7.430 dm.)

El sábado, 3 de octubre, dirigimos nuestras aspiraciones hacia Tolosa. Nuestro objetivo, el modesto Iruntxur (7.430 dm.). Nada nos hacía presagiar el desenlace de la aventura; delicioso desenlace, por cierto. Aunque si hubiéramos caído en el otro nombre del monte... Intxurre.

Redesayunamos en Eceiza, donde Aimar dio una segunda oportunidad a la palmera de chocolate, que siguió sin ser para echar cohetes. ¡Ay, los amores no correspondidos!

Nos acercamos al puerto que une Tolosa con Azpeitia por la carretera vieja y dejamos el coche en un descampado. A unos pocos metros, junto a una zona de carga de grava, un nogal llamó la atención a la Eva del grupo como si del árbol del conocimiento se tratara. Y en eso estaba, recogiendo los frutos del suelo, cuando una voz atronadora surgió de la nada avisando de que dichos frutos, efectivamente, eran los frutos prohibidos.

_¡Eh! ¡Que esas nueces las íbamos a coger nosotros! ¡Que tenéis más de cuarenta zonas donde coger! ¡Que está todo lleno por ahí!



La voz venía de un caserío cercano, desde donde el dueño, asomado a un murete, chillaba en su segunda lengua.

La bolsa ya estaba casi llena, así que Nieves decidió no tensar más la cuerda y cejó en su ejercicio lumbar. Guardamos el bolsón en el coche, terminamos de preparamos y comenzamos la ruta que, como no podía ser de otro modo, cruzaba por delante del caserío en cuestión.

Al llegar, el casero volvió a ratificar la propiedad de los frutos, aseverando haber podado las zarzas que rodeaban al árbol, lo que le daba y daría derecho sempiterno sobre ellas. Teniendo el coche abandonado unas horas a merced de azadas, azadones, rastrillos y demás utensilios del agro, yo habría optado por seguir nuestro camino pero Nieves, aplicando su  mano izquierda, intentó apaciguar al "propietario" en su lengua (ese esukaltegi se está amortizando solo).

Mano de santo.

Al oído de su lengua materna, el discurso cambió y nos indicó varias zonas donde seguir recogiendo nueces, aunque alejadas de su ámbito. Dichas zonas se separaban de nuestra ruta, por lo que las apuntamos mentalmente y seguimos camino.

Y aún quedaban cosas por hacer.




PD: Entre otras, subir al monte.

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