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viernes, 30 de octubre de 2015

Intsusburu (9.420 dm.)

El sábado, 24 de octubre, aprovechando el último fin de semana antes de andar toqueteando la hora del ocaso, nos dirigimos hacia Intsusburu (9.420 dm.). Salimos temprano hacia la zona de Alsasua, no sin antes detenernos en Lazkao para la habitual aclimatación.

Como pillaba de paso...


Dejamos el coche frente a las piscinas de Urdiain (algo alejadas del centro del pueblo), junto a un montón de coches, y nos calzamos las botas. En ello estábamos, cuando empezaron a desfilar antes nuestros ojos, lugareños (o no) con cestas llenas de hongos y setas. En realidad, los objetivos estaban bien definidos y quien cargaba con hongos no lo hacía con setas, y viceversa. En concreto, los que llevaban setas, lo hacían con trompetillas de la muerte; hasta no caber más. Especialización, le llaman.

Comenzamos a caminar y enseguida nos topamos con unos castaños a los que nadie hacía caso. Nos pusimos a ello, dejando su parte correspondiente a las ardillas, mientras de la maleza junto al río, seguían saliendo trompetistas. Cargadas las bolsas, proseguimos.

Cogíamos altura rápidamente cuando llegamos al hayedo. A lo lejos, fuera del camino, se oían voces y supusimos que no eran montañeros. Inopinadamente, Nieves encontró un hongo solitario al borde del camino y lo recogió (pobrecito, él). Cuando las voces se acercaron, pudimos ver a tres mocetones batiendo la hojarasca. Sus cestas repletas atestiguaban que habían tenido suerte. Aun así, uno de ellos, al intuir lo que Nieves llevaba en su bolsa, le espetó:

_¡Si se va por el camino, no se cogen hongos!

Y concluyó su gracieta con una risotada que casi le hace caer los hongos (pena de "casi").

Seguimos subiendo, en tanto que ellos mantenían la altura para continuar su paseo, y los perdimos pronto de vista (que no de oído). A partir de entonces, el hayedo fue para nosotros solos.



Al tiempo, llegamos a la cumbre y al buzón. Curiosamente, ambos estaban en la zona guipuzcoana, y rodeados por una alambrada, la marca del GR de la vuelta a Gipuzkoa así lo atestiguaba.

Dejamos la nota y comimos al cálido sol de la primera hora de la tarde. Al bajar, rellenamos de castañas lo que quedaba libre en las bolsas.

PD: Compartimos gusto con los gusanos a cuenta del Edulis, pero ellos eran más y llegaron antes. Tuvimos con qué consolarnos.


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