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sábado, 17 de octubre de 2015

Enaitz (12.960 dm.).

El sábado, 10 de octubre, con días de descanso por delante, nos dirigimos al Santuario de Arantzazu con intención de subir a Enaitz (12.960 dm.).

Hacía mucho que no nos acercábamos por la zona y recabamos información sobre redesayunos y demás. Nuestro guía favorito, como siempre, atento a nuestros ruegos, detalló características y lugares donde hacer acopio de fuerzas (o lo que se terciara). Sin embargo, dos autobuses, llegados minutos antes que nosotros, y un error de interpretación, dio al traste con nuestras dulces expectativas.

El cambio de planes trajo consigo un comienzo temprano en el caminar. El día era agradable, la temperatura de la mañana fresca, y nada hacía presagiar uno de los temores de todo montañero: la masificación.

Asumiendo que nosotros mismos aportamos cuatro personas a dicha masificación, la ruta clásica a las campas de Urbia se vio plagada de gente hablando a voz en grito, grupos numerosos que se detenían a descansar en mitad de un tramo estrecho y que te hacían trepar a la ladera para superarlos, perros sueltos,... Prefiero no seguir.

Llegamos a la fuente de la Vírgen, donde nos hidratamos, sin haber sudado, con ayuda de una hoja de haya.



Al tiempo, divisamos Urbia y giramos hacia Enaitz. Como por arte de magia, el tumulto desapareció y, con ello, resurgió nuestra alegría, algo apagada hasta ese momento.


Siguiendo nuestra costumbre, nos acercamos a la cumbre sin pisar camino previo.


Dejamos la nota en el buzón y descendimos unos metros para comer al resguardo del viento. Las nubes y el aire frío venían de la cresta de Aizkorri, en tanto que de la zona de Arantzazu, el cielo pintaba de azul.


Antes de volver, cometimos un nuevo error y nos acercamos al refugio con intención de comer un pintxo de chorizo. Bueno, por lo menos tenemos el consuelo de que el siguiente seguro que es mejor.

Regresamos por la misma ruta relativamente pronto y nos quedamos por la zona para conocer Legazpia. Lástima que fuera demasiado tarde; los bares interesantes ya no tenían lo que andábamos buscando.

Llegados a casa, nos resarcimos con creces.


PD: Los muchachos encontraron la tienda de txutxes (que no cierra al mediodía).

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