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lunes, 21 de septiembre de 2015

Urdaburu (5.980 dm.)

El sádado, diecinueve de septiembre, fecha de mi cuadragésimo séptimo cumpleaños, decidimos hacer algo especial y nos marcamos una mañanera. Puestos a elegir, recordé un antiguo comentario de Imanol sobre la cima más alta de San Sebastián; decidido, iríamos a Urdaburu (5.980 dm.). Además, el nombre del monte se adecuaba muy bien al encabezamiento de este blog.

Nos levantamos temprano y aprovechamos la cercanía y lo innecesario del avituallamiento para ponernos a caminar a eso de las nueve. Tampoco éramos los primeros. Varios seteros seguían la misma pista que nosotros, aunque pronto se la perdimos.

(canastilla de mimbre, cachaba y navaja (presumiblemente) ¿para qué más?)



El andar, con el fresco de la mañana, era agradable; el camino, cómodo; y el desnivel, ligero. Las vistas sobre el Adarra y los montes cercanos, con el cielo despejado, nos transmitían la cercanía del otoño. Mis recién estrenados cuarenta y siete parecía que tiraban bien.

Íbamos recolectando moras (las pocas que no caían en boca de Nieves y los muchachos) y fuimos cruzando collados hasta llegar a Pagotzarte. Allí, el camino se convertía en senda y se empinaba. Llevábamos unos cien metros de desnivel y nos quedaban otros doscientos, mucho más sufridos. Al comienzo del desvío, un cartel mostraba una reseña inútil.


Cualquier otra información hubiera sido más apropiada. Podía haber indicado el desnivel restante, o bien la altura actual y la de la cima (ya restaría yo) o, incluso, una referencia de tiempo de esos que parecen haber sido cronometrados por Ueli Steck.

Enfrentamos con ganas el camino embarrado pensando que, a la vuelta, tendríamos que tener algo de cuidado. Al tiempo, llegamos al pie de Urdaburu. El último repecho es eso, un repecho, una cuesta agreste pero no muy larga y alcanzamos la cima minutos antes de las once de la mañana.

Las vistas desde la cumbre son magníficas. No tanto por la majestuosidad del paisaje como por mostar en un giro, mar, montaña, civilización y naturaleza. Ahí andábamos, con nuestras fotos y nuestros vídeos, cuando llegó un hombre acompañado de su perro.

Era mayor, de aspecto fibroso. No parecía muy cansado pero sí algo preocupado. Nos saludamos.

_Aupa.-comenzó él.
_Aupa.-respondí yo.
_No había estado nunca aquí. Muchas veces he dado la vuelta al monte por la pista. Con la bici, ¿sabéis?, pero nunca había subido. Vale la pena. ¡Menudas vistas!
_Sí, la verdad es que son muy bonitas.
_¿Sabéis si hay otro camino para bajar? Esa pendiente última está bastante embarrada y parece algo peligrosa.
_Pues no creo, el otro sendero baja hacia Hernani.
_Ah, vale. No, si lo digo por los críos.
_No se preocupe, éstos se agarran a cualquier cosa.

Mientras él hacía sus fotos, nosotros dejamos la nota en el buzón y sacamos los bocadillos.


Seguimos charlando con el hombre un rato más hasta que se marchó.

_Venga. ¡Agur, familia!
_Agur, sí, y cuidado al bajar.
_Sí, sí.

Terminado el refrigerio volvimos sobre nuestros pasos y nos detuvimos en la charca artificial que han hecho en Pagotzarte. Bonito experimento, sobre todo para alguna rana que otra, pero el cartel informativo promete más de lo que cumple.

(Ahí hay una rana que dice croac)


A la una estábamos de vuelta en el caserío Susperregi y aumentamos la apuesta habitual de café y chorizo con lo primero que se nos ocurrió.


PD: Apuesta que, obviamente, ganamos (a la imagen me remito).
PD2: Urdaburu (Urda= cerdo, buru=cabeza).

2 comentarios:

Ander Izagirre dijo...

Un día comí con el entonces alcalde Odón Elorza y varios de sus concejales. Me atreví a preguntarles cuál era el punto más alto de San Sebastián y ninguno lo sabía. Hernani o Rentería pueden conquistar tranquilamente este monte, no habrá queja donostiarra.

Sergio dijo...

Espero que supieras aprovecharlo y por lo menos la comida te saliera gratis.