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martes, 18 de agosto de 2015

Una noche a oscuras.

Llegamos a nuestro destino demasiado pronto como para montar la tienda, y nos sentamos a descansar y organizar nuestras cosas. En eso andábamos, cuando empezó a chispear. Registramos un tiempo récord en el montaje del refugio y nos metimos dentro. En cuanto escampó, salimos a ajustar los vientos y nos preparamos para una noche pasada por agua.

No hubo puesta de sol, ni atardeceres rojizos, ni mar de nubes. Solamente un paulatino descenso de la luminosidad hasta que quedamos completamente a oscuras. La luna nueva y las nubes cerraron la noche como nunca nos había sucedido. Echamos nuestras partiditas de cartas a la luz de la linterna, contamos unos cuentos (no de miedo) y daban las diez y media cuando ya planchábamos la oreja. Desde entonces hasta la madrugada, nos tocaron todos los chubascos dispersos que habían anunciado. Yo escuchaba de vez en cuando la radio pero las previsiones no cambiaron. En realidad es lo normal, los meteorólogos duermen a esas horas.

Los cencerros de los caballos arrullaron nuestro sueño.

De madrugada seguía lloviendo y nos preparamos para recoger lo más rápido posible. Aimar remoloneaba en el saco y le desperté para tomar un desayuno frío. A eso de las ocho, cesó de llover y desmontamos el campamento. A las nueve nos poníamos en marcha.

Un único claro se abrió para que pudiera hacer la foto de rigor, y llegamos al Guardetxe poco más tarde del mediodía.



Una paradita en Baraibar para recordar el concepto "pintxo" que tienen los navarros y regresamos a casa.



PD: Atesoro estos días.

2 comentarios:

IMANOL dijo...

Bueno, bueno, ese concepto pintxo también lo tienes por aquí, sólo hay que encontrarlo. Un ejemplo: Ermaña en Santiago Mendi

Sergio dijo...

Benditos ejemplos.