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lunes, 17 de agosto de 2015

Trampantojos.

El jueves, 13 de agosto, Aimar y yo salimos rumbo a Aralar. Las previsiones meteorológicas descartaban cualquier intento de atisbar siquiera una estrella fugaz, pero la lluvia (la de agua), de aparecer, no sería intensa; bueno, hasta la tarde.

No teníamos más objetivo que el de disfrutar de la compañía mutua y la naturaleza. No habría intentos de cumbre, ni rutas sacrificadas, solo un caminar distendido, una noche de acampada y una charla entre montañeros; y a fe que lo conseguimos.

Como en su momento sucedió con Asier, y ya tenía olvidado, la mochila se le hizo algo incómoda a Aimar. No era tanto por el peso como porque el refuerzo lumbar y el cinturón eran demasiado grandes para sus caderas.

Incomodidades aparte, llegamos a la ermita de Igaratza a las... Bueno, hubiéramos comido allí fuera la hora que fuera, así que podemos decir que llegamos a la hora de comer. Retomado el camino vimos lo que, a posteriori, quedó como el principal recuerdo de Aimar de esa excursión. A lo lejos, divisamos unos perros que caminaban junto a unos caballos. Pero, para nuestra sorpresa, los perros se pusieron a correr y emprendieron el vuelo. Eran buitres.

Seguimos andando y comprobamos que habían remarcado el camino que otras veces encontramos casi borrado. En algún lugar, incluso convivían tres tipos de señal.


PD: Las mariposas colibrí entretuvieron nuestros pasos.

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