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sábado, 15 de agosto de 2015

Postergando.

Hacía ya un par de años que íbamos con Aimar de vivaqueo familiar. El primero, con siete años, era demasiado pequeño para que fuéramos solos, él y yo. El segundo, no se encontraba con valor para que lo hiciéramos sin el resto de la familia. Pero este año fue él quien me lo pidió. Así, lo hablamos entre todos, y decidimos que la noche de la lluvia de estrellas, este año fuera para Aimar. No lo postergaríamos más.

Pero no fue así.

Las previsiones del tiempo no nos han importado demasiado hasta ahora, y siempre hemos mantenido la fecha a fuego en el calendario. La realidad es que nos ha hecho de todo: llovido, arreciado el viento, cubierto la niebla,... de todo menos quedar una noche despejada adecuada para el espectáculo astronómico. Sin embargo, esta vez iba a ser distinto. La primera vez de Aimar tendría que esperar un día más.


Y es que la tormenta de madrugada se preveía eléctrica.

Llevamos abrigo, chubasqueros, comida y agua suficiente, pero contra los rayos no tenemos nada. Para más INRI, aquello estaría lleno de ovejas mojadas, en la parte alta de la montaña, con árboles solitarios cercanos,... Solo nos faltaba una plancha metálica para guarecernos mejor porque hasta llevábamos móvil y bastones de aluminio. Repasé mentalmente mis apuntes de electromagnetismo y concluí que las dos tristes varillas de nuestra tienda de campaña no eran suficientes para crear una jaula de Faraday. En conclusión, lo dejamos para el día siguiente. Llovería lo mismo, pero sin aparataje eléctrico.

PD: Ya teníamos incluso hecha la tortilla pero nos ocupamos de ello.

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