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martes, 11 de agosto de 2015

El paso del tiempo.

Me entero de la muerte de Horacio; este invierno; a los 91 años.

Al año siguiente de conocer a Horacio, cuando volvimos a Valdeón, me acerqué a saludarle. Pensé que no me reconocería, pero no fue así. Al contrario, me afeó que hubiera publicado nuestro breve encuentro en internet y me quedé descolocado. En esas estaba, intentando justificarme, cuando salió su nuera y me tranquilizó. Me dijo que les había gustado mucho y que incluso lo habían imprimido y guardado en casa, para que el resto de la familia lo leyera.

Quizás revelé algo muy personal, algo que se puede contar a un desconocido porque siempre queda la posibilidad de no contestar si no quieres, algo que quizás su familia ya tenía olvidado y le hicieron recordar más de lo que él hubiera deseado. El caso es que, tras ese primer momento de desconcierto, nos quedamos charlando un rato más, de manera distendida. Le costaba mucho andar y solo nos llegamos hasta un hórreo cercano.

Los años siguientes seguí pasando por su casa, pero ya no le volví a encontrar. Me contaron que se sentaba en el jardín, al sol, y no creí oportuno llamar a su timbre. Hoy me arrepiento.

Hasta siempre, Horacio.

PD: Aquella segunda conversación me la guardo.

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