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sábado, 22 de agosto de 2015

El asunto cruasán.

Estábamos pendientes de las previsiones meteorológicas para el vivac con Asier. La lluvia de estrellas  con Aimar había estado pasada por agua. Ahora, una semana después, las lágrimas de San Lorenzo ya se habrían secado, con lo que podíamos esperar al momento adecuado. Fue el miércoles.

El día comenzó bien: nos despertamos temprano, preparamos la comida rápido, tuvimos que cargar gasolina pero no tardamos mucho... Íbamos con ganas de nuestro merecido redesayuno en Lekunberri cuando, al llegar, nos encontramos que habían arrasado con todos los cruasanes.

_¿Queréis otra cosa?- preguntó la dependienta.

Y yo, mirando de soslayo la tortilla de patata y viendo los ojos de pena de Asier, contesté:

_No, gracias.

Y salimos, a lo Indiana Jones, en busca del cruasán prometido.

Nos acercamos a Albi, la cafetería de la plaza. En esta ocasión solo entré yo y vi, como no, otras tres tortillas recién hechas y una napolitana de crema, pero nada de cruasanes. Salí como entré. Entonces recordé Galburu, la panadería en la que antes nos abastecíamos cuando íbamos a Aralar. La teníamos algo abandonada pero nos recibió como se recibe a un amigo que hace mucho que no ves: con alegría y un regalo.

Me llevé el último cruasán.



Ya podíamos ir al monte.

PD:La foto es de archivo. Fuimos demasiado rápidos.
PD2: Ningún cruasán sufrió en la redacción de este post.

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