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sábado, 25 de julio de 2015

Paseos nocturnos.

En Posada de Valdeón cenamos tarde. Definitivamente, muy tarde. Tal vez sea porque andamos mucho por el monte y después queremos dar un paseo por el pueblo. Quizás porque dejamos que los niños se queden jugando por ahí hasta que se cansen, y eso no ocurre nunca. Puede que aprovechemos a charlar con la gente y se nos pase la hora. Sí, es eso, las tres cosas. Eso, y que el tiempo no discurre de la misma manera que en la ciudad.

Salimos de cenar a dar el paseo nocturno. La noche está estrellada. Pienso en montar el telescopio pero me entra la pereza; es una hora de montaje y calibración antes de pegar el ojo, y ya es casi medianoche. Miguel sale del Hostal; Pedro y Maite también. Durante un rato miramos y nombramos algunas estrellas hasta que se me ocurre una idea.

_¿Y si nos animamos a subir al puerto? Allí seguro que incluso se ve mejor.

Nieves y los niños aceptan el desafío, y suben a por las chaquetas. En Valdeón refresca por la noche (otro placer más en este infernal julio).

_Miguel, ¿te vienes?

Miguel pregunta a sus padres antes de aceptar.

En quince minutos estamos arriba y el espectáculo me deja sin palabras.



PD: Bueno, solo unas pocas.

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