www.flickr.com

martes, 2 de junio de 2015

La Dama del Anboto (II).

Como comenté, el sábado, 30 de mayo, recogimos a Ricardo y nos fuimos los cinco rumbo a tierras vizcaínas. Siendo la patria chica de Nieves, confiábamos en que la Dama del Anboto fuera cortés con nosotros y nos dejara coronar la cima. A las diez y media llegábamos al Santuario de Urkiola, calzábamos las botas y nos poníamos a caminar.

Habíamos elegido acceder al Anboto por la ruta clásica y nos dirigimos a las campas de Asuntze por la pista, dejando el suave Urkiolagirre a nuestra izquierda. No queríamos desperdiciar fuerzas gratuitamente; nos podían hacer falta. La temperatura era agradable. La víspera había llovido un poco pero las nubes se iban disipando y confiábamos en ver aparecer el sol para terminar de secar las rocas.

Y así fue.

Llevábamos buen ritmo. En Asuntze, divisamos la fuente Pol-Pol, pero decidimos visitarla a la vuelta. Nuestro objetivo era claro: coronar el Anboto; continuamos hasta Pagozelai. Hasta ese momento, el camino había sido en suave pendiente pero ahora nos íbamos a enfrentar al empinado hayedo. Enseguida comprobamos las consecuencias de las tormentas de la víspera. Cáscaras de hayucos y hojas de haya se pudrían en el suelo formando un barro resbaladizo. No suponía demasiado problema al subir, pero prometía "diversión" de bajada.

Las vistas sobre el valle eran magníficas. Los paisajes vizcaínos son curiosos; tan parecidos y a la vez tan diferentes de los guipuzcoanos.

Y llegamos al último tramo.




Todo lo que había estado consultando en internet durante la última semana, todas las preguntas que le había hecho a nuestro guía favorito, todas mis dudas sobre el camino y sus peligros, convergían allí, detrás de la roca que tenía enfrente de mí. Pero, antes de mirar, pregunté.

_¿Quién se anima?

Nieves declinó la oferta; era algo ya sabido pues aún mantiene algún atisbo de vértigo de otra época. Ricardo se apuntó. Asier también estaba dispuesto. Únicamente Aimar receló.

_Yo mejor me quedo con la ama.

Tampoco parecía muy decidido y, mientras se lo pensaba dos veces, rodeé la roca y me asomé.

Lo tuve claro.

PD: Meridianamente.

No hay comentarios: