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lunes, 4 de mayo de 2015

Dolor de parto vs. gonadal (respuestas al debate).

Últimamente se ha venido debatiendo con vehemencia en las redes sociales sobre si un parto es más doloroso que una patada en los testículos. Ante la obviedad de no existir un juez imparcial que sea capaz de dilucidar la pregunta aportando su opinión personal, no cabe otra que sopesar las luces y las sombras de dichas sensaciones, dejando al lector o lectora, la decisión final.

Empecemos aportando un dato que no se ha considerado hasta el momento, el periodo de tiempo. Efectivamente, un varón puede sentir el dolor en sus partes nobles desde la más tierna infancia hasta el fin de sus días. En cambio, una mujer puede sentir los dolores del parto un limitado número de años y un limitado número de veces. También hay que considerar las situaciones que pueden dar lugar al dolor en los hombres. Y hablo de contusiones con el cuadro de una bicicleta; balonazos jugando al fútbol o cualquier otro juego con una pelota (como el divertido "darle al compañero sin más"); las consabidas peleas con golpes bajos (y no me refiero al grupo); o cualquier otro toque con algo más duro que una bola de algodón. Sin embargo, hasta el momento solo se conoce una forma de originar los futuros dolores del parto.

Centrándonos en estas últimas frases, los dolores del parto vienen precedidos de una situación placentera y deseada. Por contra, el dolor en los testículos no suele ser premeditado, a menos que sea uno mismo el que se lo produzca a un semejante y éste se lo estuviera buscando. ¡Qué diablos!

Existe otra diferencia a considerar, la garantía de protección. Así, la embarazada sabe que, durante los próximos nueve meses, no va a sufrir los dolores asociados a su condición, en tanto que un varón, durante ese mismo lapso de tiempo, es propenso en todo momento al equivalente que estamos tratando; y esa incertidumbre también puede producir cierta angustia.

Oigo voces que intentan volver este último argumento en contra del dolor masculino alegando que, si bien lo de la incertidumbre aporta una relativa tranquilidad a la mujer, no es menos cierto que la garantía de que el dolor se va a producir, provoca una ansiedad equivalente. Demos por válida esa aserción, dejando por empatado el argumento y continuemos con el debate.

Hasta ahora, una y otra parte pueden ponderar los argumentos a favor o en contra de su causa. Recordemos que no existe una voz fiable en este asunto y que se está intentando decantar la balanza  aportando detalles que ayuden a hacerlo.

Concluidos los prolegómenos, llegamos al momento mismo del dolor. Y es en ese mismo instante donde se producen las mayores y más claras diferencias entre una y otra situación. Porque el dolor en los testículos, a diferencia del del parto, es un dolor solitario. Nadie está contigo. Ningún ser querido te da la mano y te da ánimos para superar el momento; a lo sumo te ves rodeado de tus compañeros de clase partiéndose de risa. De acuerdo, hay detalles equivalentes, como el estar en una postura ligeramente expuesta y que unos desconocidos con bata estén hurgando en tu interior. Lo entiendo, pero esos desconocidos son gente preparada para ayudarte a superar el trance, en tanto que el que te ha dado la patada lo que está es preparado para darte otra (y puede que no haya superado el trance).

Para terminar, ofreceré un último argumento. En el caso del hombre, quien te está produciendo ese dolor lacerante no va a ser la persona que más vas a querer en el mundo, no va a ser alguien de quien no te puedas separar, ni quien te va a aportar las mayores alegrías de tu vida. Creo que eso compensa cualquier dolor.

PD: Por no hablar de que aún no hay epidural para una patada en los huevos.

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