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sábado, 28 de marzo de 2015

Las medidas del Mundo.

Llamo a Ander y me cuenta que, a primeros de marzo, fue a Aralar con su amiga Sara. Buscando un monte al que subir, se decantaron por Alborta. Me dice que, según iban llegando, le empezó a contar la historia de los buzones de montaña, el uso de las tarjetas de club, los motivos por los que ahora ya están en desuso... Llegados arriba, Sara metió la mano en el buzón y sacó una nota.



Recreemos el diálogo según Ander me dio a entender.

_Sara: ¡Hay una nota en el buzón!
_Ander: Pues vaya casualidad.
_S: A ver, pone que son dos niños, de 8 y 11 años. Uno se llama Aimar y el otro...
_A: ¡Asier! ¡Se llama Asier!
_S: ¡Mamma mía! ¿Cómo lo sabes?
_A: Porque les conozco.

Y así es como Ander encontró, casi tres meses después, la nota que los muchachos dejaron en el buzón de Alborta, y Sara se llevó la impresión de que vivimos en una tierra muy pequeña.

Pero la historia no termina ahí.

Ander se guardó la nota en el bolsillo; antes de enviársela a los chicos tenía pensado darle un buen uso. Unos días después, se inauguraba la exposición Mendia, en el museo de San Telmo, y él era el encargado de hacer la primera presentación. Había redactado los textos que acompañaban los objetos y las imágenes, y la emplearía para hablar de los buzones de montaña.

El día señalado, con un pequeño grupo, empezó su charla. Sigamos con la recreación:

_...y tengo aquí la nota que dejaron dos chavales en el buzón de Alborta, Asier y Aimar Fanjul, que...
_¡Vaya!- dijo un hombre entre el público. A esos chicos les doy yo clase.

Efectivamente, Sara tenía razón.

PD: Gracias, Ander.

1 comentario:

Ander Izagirre dijo...

Has captado de maravilla hasta el acento parmigiano.