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martes, 10 de marzo de 2015

Eguzkizko Muinoa (10.083 dm.)

Tras casi dos meses de sequía (aunque no sea el término más adecuado, visto febrero), el sábado, 7 de marzo, volvimos al monte. Nuestra intención, después de tanto tiempo, era no forzar demasiado así que buscamos un desnivel aceptable y lo encontramos en la zona de Leitza, Eguzkizko Muinoa (10.083 dm.). "Aceptable"; ¡ja!, todavía me río al recordarlo (intento ser irónico).

Cumplido el trámite (delicioso trámite) del redesayuno, dejamos el coche en el Hotel Basa-kabi. Para nuestra desgracia se encontraba abandonado, con lo que olvidamos futuras recompensas en formas de derivados del cerdo. Aunque cerdo, o más bien cerda, sí que había y pasamos a saludarla. Quién sabe si nos volveremos a encontrar en alguna fiesta.


Comenzamos a caminar y, en lugar de seguir la aburrida pista que nos llevaba hasta el repetidor, giramos por una pista a nuestra derecha. No tardé en caer en mi error. Al cabo de un rato, la ruta abandonaba el camino y comenzaba a ascender por una PEN-DI-EN-TE, es decir, por una pendiente muy pronunciada. Nos encontramos con un pequeño grupo de hayas, aunque secas, pero básicamente fue subir y subir y subir.

Terminado el minicalvario (porque tampoco fue para tanto) llegamos a la zona de regalos. Comenzamos por un buen montón de manchas de nieve que los niños disfrutaron con holgura y continuamos suavemente hacia la cima por la loma herbosa.


Nos detuvimos a contemplar cómo se rascan los caballos (o cómo se quitan las pulgas) tumbándose en la tierra y girando de un lado para otro como si fueran chiquillos. Es curioso e impresionante ver a un animal de esa envergadura, moverse con semejante soltura.

Llegamos a la cima y dejamos la nota en el buzón. Era temprano, apenas la una, pero descendimos un poco para comer algo. Algunos metros más abajo nos esperaba una nueva sorpresa, una vez más en forma de nieve.


No podíamos perder la ocasión, habida cuenta de que, por uno u otro motivo, este año no habíamos pasado por las campas de Albi a deslizarnos con los txanperos. Así las cosas, improvisamos un pequeño luge, que hizo sus funciones satisfactoriamente.


Recogimos y nos dispusimos a volver. Sin embargo, optamos por no regresar por el camino de subida. En su lugar, crestearíamos, pasando por Petriketa para empalmar con la pista; el descenso respetaría nuestras rodillas.

Llegados al collado vimos una charca. Los muchachos se acercaron y encontramos un escenario dantesco. En el fondo, decenas de ranas muertas, en la superficie, en una cantidad como nunca antes había visto, miles de huevos huérfanos flotaban inmóviles a mercer de las alimañas. Parte de la charca aún seguía helada, quién sabe si eso fue el motivo de la muerte de las ranas. De pronto, una idea salió de no se sabe quién y cogimos un puñado de huerfanitos de rana. Nos los llevamos con cuidado a casa, donde ya descansan plácidamente.



De vuelta, nos detuvimos en Leitza a tomar algo y disfrutar del sol y los parques con niños.

PD: No queremos mascotas en casa. Cuando crezcan, los devolveremos a su medio.

6 comentarios:

IMANOL dijo...

La próxima que pares en Leitza, avisa y te recomiendo una cocina casera y encantadora a buen precio. Merece la pena.

eresfea dijo...


¡La próxima desde Ixkibar! (Por el camino de Leizalarrea).
Me he quedado pensado: ¿ranas muertas o aletargadas a medio congelar?

Sergio dijo...

Imanol, ya están tardando en mandarme una referencia con Google Maps. Si hay que volver, se vuelve.

eresfea, eran ranas sumergidas completamente y boca arriba... No las toqué pero tampoco tenía muchas dudas. De todas formas, visto la inmensidad de la puesta de huevos fertilizados, murieron contentas.

Sergio dijo...

boca arriba=panza arriba

IMANOL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
IMANOL dijo...

Es este:
http://www.restaurantearakindegia.com/