www.flickr.com

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Ernaitzu (12.030 dm.) e Ireber (12.060 dm.).

Este pasado domingo se congregó, una vez más, un selecto grupo del montañismo vasco para su cita navideño-montañera anual. Josean, Pilar, Asier, Aimar, Nieves y yo, nos reunimos en Lekunberri y concretamos, en torno al clásico redesayuno, el recorrido escogido por nuestro guía y anfitrión. En esta ocasión nos adentraríamos en la desconocida (para nosotros) zona de Basaburua para realizar una circular pasando por Ernaitzu (12.030 dm.) e Ireber (12.060 dm.).

Cruzamos por el precioso pueblo de Beruete y nos dirigimos por una pista al comienzo de nuestra ruta. Sin embargo, un rebaño de ovejas partía dos minutos antes con nuestro mismo objetivo. Nuestro guía se bajó y entabló conversación con el pastor. Desconozco los términos exactos de la charla pero, cuando terminaron de hablar, volvió al coche con una sonrisa. Mientras cambiábamos de planes y nos dirigíamos a otro lugar para comenzar nuestra excursión, el manto blanco y marrón de las ovejas continuaba avanzando, con su pausado caminar, ajeno a todo.

Dejamos los coches en un collado, calzamos las botas y comenzamos a caminar. Nos enfrentamos a una empinada cuesta. Para algunos es el mejor comienzo, para otros (entre los que me incluyo) es lo peor. Sin embargo, no fue para tanto y enseguida nos vimos rodeados de hayas y ascendiendo alegremente hacia nuestro objetivo. Veíamos Ireber delante de nosotros pero primero nos dirigimos a Ernaitzu. Su suave loma herbosa nos deparó una sorpresa inesperada. Al agradable acceso a su cumbre hay que añadir varios dólmenes, un par de buzones (el viejo y el nuevo) donde los chavales dejaron su nota y cogieron otra, y unas impresionantes vistas.



Esas vistas desde la cima merecen un punto y aparte. En el horizonte podía alcanzarse a ver, pefectamente, hasta los pirineos. Desde Anie, la Mesa de los tres reyes, hasta... Josean guió nuestra vista en una panorámica de 360º. Pasamos por valles, la cuenca de Pamplona, los montes cercanos y lejanos, y compartió con nosotros su amplio conocimiento didáctico dejando al mismísimo Google Earth a la altura de aquellas filminas que nos ponían en el colegio.

Tras coronar la menor de las cimas del día, desanduvimos ligeramente nuestros pasos para ascender a Ireber, poniendo el contrapunto a la fácil loma de Ernaitzu con una agreste cumbre mineral. En el remozado buzón-cohete encontramos otra nota del mismo grupo de montaña que la anterior. Tuvieron la suerte de haber estado poco tiempo antes que nosotros y las recibirán en breve.




Una vez ascendido todo lo ascendible quedaba otra parte muy importante de una excursión montañera: la comida. Nos llegamos a un estupendo refugio con mesa, banco y chimenea, y procedimos a vaciar las mochilas. Podría hablar del revuelto de angulas de monte cogidas el día anterior y cocinadas esa misma mañana con cuidado; podría asimismo hablar del lacón cocido con pimentón de la Vera; o podría hablar de la tableta de chocolate puro o de las infusiones de té blanco (hay vida más allá del té Hornimans); y podría también hablar del chocolate caliente, no muy espeso, no muy dulce, pero igualmente reconfortante. Podría, y lo he hecho.

Una vez recogida la mesa y dispuestos a marchar, encontré tras el refugio el marco perfecto para nuestra postal navideña de este año. Sacamos los trajes de las mochilas (que habíamos llevado por si acaso), nos vestimos para la ocasión e hicimos varias tomas, añadiendo más o menos detalles a la instantánea.

Regresamos por el precioso hayedo hasta empalmar la pista que nos llevó hasta los coches.

Alargamos la despedida en Lekunberri compartiendo las fotos del día y guardando en la memoria un tesoro más para nuestra experiencia.

PD: La foto de la postal, mañana.

No hay comentarios: