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martes, 14 de octubre de 2014

Todo llega a su fin.

La verdad es que se veía venir. Últimamente, se notaba que ya no era el mismo, no escribía con la misma fluidez. Queramos o no, las cosas tienen su tiempo y todo llega a su fin. Es ley de vida.

¿Qué haré ahora con él? Perdidos los antiguos oficios de rebobinador de cintas de cassette, seguirá ocupando un lugar en mi mesa como símbolo de fidelidad mantenida durante años. Hasta que un día desaparezca, como en su día lo hicieran sus hermanos.


PD: Hacía mucho que no me pasaba. Generalmente, se "extravían" antes de llegar a este punto.

2 comentarios:

Roberto Gómez dijo...

Cómprate una pluma, de las de ántes, como la que utilizó Cervantes para escribir El Quijote, ésas nunca fallan.

Roberto Gómez dijo...

p.d. Yo utilizo un rotulador Pilot recargable, es más limpio que la pluma de Cervantes.