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sábado, 27 de septiembre de 2014

Tres de cuatro.

Asier y Aimar dormían fuera. El colegio organiza todos los años una salida de dos días a albergues escolares al estilo agencia de viajes: "Dos días, una noche", y la tarde del jueves se vaticinaba triste y anodina. El otoño había comenzado hacía pocos días y, con él, la rutina del régimen, gimnasio y tardes con poca luz. Sin embargo, al llegar a casa, Nieves me esperaba con un plan diferente.

Y así, con el Sol a punto de ponerse y oculto por las nubes, en una playa solitaria, con bandera amarilla y un socorrista para nosotros solos, nos solazamos en el mar entre olas y algas.



Regresamos salitrosos y con un par de algas atrapadas en mis redes pelágicas, y tachamos tres de cuatro en las estaciones del año en las que nos hemos bañado en el mar.

Nos acostamos pensando en cómo lo estarían pasando los muchachos, siendo conscientes de que el pensamiento no sería recíproco.

PD: Para el invierno siempre queda Bora-Bora.

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