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miércoles, 20 de agosto de 2014

Bajo la tormenta.

A las dos menos diez empezó a llover; con ganas. Y con la lluvia vino el viento.

Uno de los motivos por los que buscamos este sitio para acampar es que, cuando lo encontramos, también hacía mal tiempo y comprobamos que tenía la orientación perfecta, con el oeste y el norte protegidos por una pared de piedras y unos arbustos. Aquella vez no le sacamos todo el partido que tenía; al menos no tanto como ésta.



La "posibilidad de lluvia" que había visto en las predicciones no tenía nada que ver con lo que teníamos encima. Dí gracias por haber tensado los vientos aunque, la verdad, no parecía haber hecho falta pues tampoco sentíamos tanto el vendaval. Pero sí que lo oíamos, y muy cerca. Al otro lado del muro el ulular del viento asustaba. Me incorporé y comprobé que la tela interior no tocara la exterior; no queríamos agua dentro. Siempre ponemos un doble suelo protector bajo la tienda, no pesa nada (minimalismo comodón) y ayuda a que permanezca limpia. También le da un doble aislamiento impermeable y, en esta ocasión, tal vez lo íbamos a necesitar.

Cuando hablo en plural realmente tenía que haberlo hecho en singular, Asier dormía como un tronco. Y yo, tras escuchar las noticias de la radio y comprobar que todo iba bien, opté por darme la vuelta y dormir, arrullado por el suave repiqueteo de la lluvia. Mientras cogía el sueño pensé por un instante en el día siguiente, cuando llegara el momento de recoger la tienda. Si seguía lloviendo iba a ser un fastidio. Apliqué la norma y lo dejé para otro momento: "Ya lo pensaré mañana".

PD: Señores de Marmot, muchas gracias por la calidad de sus productos.

2 comentarios:

Ander Izagirre dijo...

Tras leer la reacción ante la lluvia, creí que "señores de Marmot" erais vosotros dos.

Sergio dijo...

Acertado comentario, Ander. Como tales dormimos, efectivamente (je, je).