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lunes, 12 de mayo de 2014

Txaradigorri (9.890 dm.) e Hirumugarrieta (9.640 dm.).

Hace un tiempo subimos a Alleko y, encantados con la zona, pensamos volver enseguida. Nuestro guía favorito, sin embargo, nos recomendó esperar al primer verdor de las hayas. "Son cimas boscosas".-comentó, y le hicimos caso. La semana pasada supimos que la hora había llegado y así, dos meses después, regresamos a Lizarrusti con la intención de disfrutar del hayedo prometido. Y vaya que si lo hicimos.

La mañana amaneció espléndida. Si a eso le añadimos que ya se nota la mejora en la temperatura, se comprende que preparáramos tan rápido las mochilas y llegáramos temprano al Koxkor de Lazkao para el redesayuno. Esta vez no faltaron los cruasanes ni las napolitanas y, ya bien aclimatados, llegamos antes de las once al puerto de Lizarrusti.

El camino comienza al otro lado de la carretera, poco antes del cartel que anuncia territorio navarro. La verja de un caserío (aún guipuzcoano) franquea el paso junto a unos perros ladradores y un cartel imperativo.

El uso de mayúsculas no excusa un "por favor"


Al poco ya empezaba a intuirse lo que nos iba a deparar el resto de la jornada: un paraíso en verde.


Con semejante espectáculo ante nuestros ojos, nos íbamos deteniendo cada dos por tres. Cuando no era para trucar unos tréboles, era para recoger un hayuco, ver otro recién germinado o contemplar un grupo de ellos con sus primeras hojas ya convertidos en pimpollos. Aprovechamos para plantar nosotros mismos uno y así tener una excusa para volver otro día.


 Unos chicos afortunados


Para quien no haya sido testigo del primer verdear de las hayas en primavera, lo más aproximado que se me ocurre es describirlo como un verdor tierno. Las hojas son traslúcidas y todo cuanto te rodea está cubierto de un hermoso tono verde tamizando la luz del sol. La cámara se volvió loca intentando controlar el balance de blancos pero, aun así, es muy difícil reflejar con una imagen el aura que impregna el bosque en esos momentos. Según avanzábamos intenté hacer comprender a los muchachos la excepcionalidad del momento. En un par de semanas, ese verde luminoso se transformará en un verde oscuro y opaco, y la claridad se tornará en sombra. Es muy fácil que durante este breve periodo llueva o el día amanezca nublado así que había que saber apreciarlo.


Entre paradas, cuentos de tesoros escondidos y piratas, lanzamiento de piedras con tirachinas, recolecta y siembra, llegamos al collado de Aasko que daba paso al monte homónimo. Tras un breve descanso fotográfico, renunciamos a la cima cercana y nos encaminamos con decisión hacia Txaradigorri siguiendo la línea de mugarris.


¿Dónde estará el mugarri ese?

Comentar que llevábamos un pequeño desbarajuste en cuanto a cimas, alturas, buzones y demás. En la web de Javier Urrutia hace mención de dos cimas, la occidental (9.630 dm.), sita en la divisoria, y la que tiene buzón y marca el punto más alto de la zona (9.890 dm), a la que también da una altura de 9.940 dm. en el título. Nosotros seguimos las indicaciones coloreadas y de carteles varios y, cuando el altímetro marcaba 9.850 dm., llegamos al dolmen de Antatxula, donde el cartel explicativo indica erróneamente 963 m. Puf, qué lío.  El dolmen sí estaba, pero el buzón no.  Deambulando por la zona, Aimar se encontró con un par de rantoncitos de campo; uno marrón y otro gris. Tras mirarse un rato a los ojos se fueron dando saltos dejando al chaval maravillado. La búsqueda del buzón fue infructuosa y, siendo aún relativamente pronto, decidimos continuar hasta el cercano Hirumugarrieta (9.640 dm.) para, por lo menos, dejar una nota en algún sitio a cubierto.

El aire había cambiado y la luz ya no era la misma, pero el tiempo aguantó y comimos tranquilamente en la cima arbolada. Asier devoró su bocadillo con una pierna en Ataun, otra en Burunda y las nalgas en Etxarri-Aranatz.

Detalle de la silla de Asier

Durante el camino de vuelta volví charlando con los muchachos, de dragones, técnicas de combate y esas cosas.

_Aita.-me dijo Aimar.
_Dime, hijo.
_¿Sabes? Me lo estoy pasando genial.
_¿Sí? Me alegro. ¿Y por qué?
_Por las bayas...
_¡HAYAS!.- corrigió Asier.
_Por las hayas que hemos plantado, las yescas, los ratones... ¿Sabes? Les voy a contar a mis amigos lo de los ratones. ¡No se lo van a creer! ¡Se van a quedar alucinados!
_Seguro que sí.
_Porque he visto cuatro ratones.
_¿Cuatro?
_Sí, uno saltando; dos en la madriguera, uno marrón y otro gris; y uno muerto.

Llegamos al collado de Aasko y nos enfrentamos a una pendiente pronunciada que no recordábamos. Al subir lo habíamos hecho tan entretenidos que ni nos habíamos dado cuenta. Un par de resbalones después (o tres) regresamos a Lizarrusti con tiempo para un café, un ping-pong y una partida de dominó.

PD: Si os dais prisa, a lo mejor os da tiempo este sábado.

PD2: Que no, que ya no hay buzón en Txaradigorri.


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