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jueves, 22 de mayo de 2014

Cerca del techo.

El sábado pasado, Aimar retomó su agitada vida social, invitado a otro cumpleaños. Como no podía ser de otro modo, aproveché la ocasión para ir al monte con Asier y escogimos Aizkorri. Lo hicimos porque tal vez esté algo alejado de la capacidad de Aimar, no tanto de subirlo como de disfrutarlo: no hay que correr, todo se andará.

Decidida ya la cumbre, restaba escoger la ruta. Por cercanía y facilidad, optamos por el acceso desde Otzaurte. Leí que la pista estaba abierta y que habían habilitado un aparcamiento cerca de la curva final; ya no habría que arrimarse a los arcenes.

Ignota la zona en cuanto a redesayunos, consulté a nuestro guía de cabecera y me respondió, como siempre, con prontitud, eficacia y regalando más detalles de los inicialmente solicitados. Por desgracia, no había en las cercanías sitio conocido para el avituallamiento inicial, no así para el final. La Venta de Otzaurte atesoraba morcilla y carne cocida con calificación "de lágrimita"; ya podíamos cerrar el círculo. Sin embargo, había un detalle más. Pretendíamos subir por la ruta denominada "el calvario". En su día la hice con Nieves y ciertamente merecía su nombre. También había una segunda opción, por la "ruta de los alaveses", pero no las tenía todas conmigo. Ambas cruzaban el túnel de San Adrián, imprescindible paso para hacer inolvidable la excursión, pero el final del mensaje nos ofrecía la mejor solución. Así, subiríamos por la ruta balizada de la maratón de Zegama; los puntos amarillos nos irían indicando el camino. El desnivel sería el mismo pero alternado con zonas de mayor y menor pendiente en lugar de la constante y demoledora del "calvario". Eso sí, volveríamos por ésta, a fin de cruzar el túnel y ver la calzada romana.



Entre un ligero madrugar y el no-redesayuno, calzábamos las botas y comenzábamos a andar recién dadas las diez de la mañana. Pero no estábamos solos.

PD: Ni mucho menos.
PD2: Mañana más, que me estoy alargando.

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