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jueves, 15 de mayo de 2014

Argumentos convincentes.

El siguiente relato es verídico (bueno, más o menos). Me fue narrado por la única hija de mi suegra y lo transcribo según me lo contaron o creo recordar. Espero no tener que arrepentirme.

La madre va de visita a casa de su hija. Charlan de sus cosas, se ponen al día y deciden ir juntas a la peluquería. La hija piensa cortarse un poco las puntas. La madre ya verá. Entran y les atienden enseguida. Mientras comentan qué hacer, entra un mutilzarra; es una peluquería unisex. Parece ser un habitual y la peluquera le saluda cordialmente.

_Hola, Luis. ¿Qué quieres esta vez?
_Pues que me lo arregles un poco.

El hombre luce en todo su esplendor una auténtica cortinilla Anasagasti, a lo que añade unas canas esparcidas por toda su zona capilar visible: nuca, patillas, cejas, orejas... La peluquera lo mira a los ojos a través del espejo, frunce el ceño y dice suspirando.

_Puf, Luis, creo que sería mejor que esta vez cambiaras un poco. Yo... como que ya no te veo de moreno.

El hombre se resiste un poco e insiste tímidamente.

_Venga, que yo no lo veo tan mal. Teñir un poco y ya está.

La madre, atenta a todo lo ocurrido, interviene. La hija se arrepiente de no haber pedido una mascarilla facial y asiste a toda la conversación a cara descubierta (y colorada).

_Déjese usted de teñir ni teñir y quítese eso, hombre, que va a quedar mucho mejor.
_¿Usted cree?- replica el hombre, ligeramente azorado ante la inesperada intervención.
_Que sí, que sí. ¡Dónde va a usted a parar! Un hombre con el pelo corto es mucho más atractivo.

Con semejante argumento, el mutilzarra capitula. La tijera libera definitivamente el frontispicio y el Mundo es un poco menos kitsch.

PD: A partir de ahora se gastará el dinero en crema solar.
PD2: Bueno, como yo.


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