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viernes, 23 de mayo de 2014

Aizkorri (15.230 dm.).

A la par nuestro habían llegado al aparcamiento un grupo de hombres y mujeres mayores, de piernas grandes y boca aún más grande. ¡Por favor! ¡Cómo chillaban! Maldecía nuestra suerte porque intuía que los llevaríamos a nuestra cuerda durante todo el camino; adiós a los cantos de los pájaros. Por fortuna, a la altura de la antigua casa de Mikeletes, tomaron rumbo a San Adrián, mientras que nosotros nos dirigimos a la ermita de Sancti Spiritus.


En tanto que recuperábamos el resuello, unos chavales nos alcanzaron.

_¿Es éste el camino del maratón al Aizkorri?
_Sí, sí, no tenéis mas que seguir las marcas amarillas de pintura.
_Gracias.
_De nada.

Y subieron corriendo.

Esa pregunta, y sus variantes, serían habituales durante todo el camino de subida; y de bajada.

La senda era clara y, poco a poco, nos internamos en el hayedo, aunque más bien lo bordeábamos disfrutando, de vez en cuando, de las vistas del valle. Ganábamos altura rápidamente, al principio de forma directa, luego en zigzag. Decidimos parar cada cien metros con objeto de mantener un ritmo y no desfondarnos con tanto andar y parar. Como buen equipo, comíamos de la misma comida y bebíamos de la misma cantimplora. A continuación dejo la relación de vituallas necesarias para acometer el desafío en condiciones óptimas (las cantidades son para dos personas):

_11.000 dm.: 2 tragos de agua y 2 magdalenas pequeñas rellenas (con una especie de nocilla).
_12.000 dm.: 4 tragos de agua, 1 magdalena de esas deliciosas y un lacito de hojaldre.
_13.000 dm.: 2 tragos de agua, 4 onzas de chocolate y 2 lacitos.
_14.000 dm.: 6 tragos de agua, 1 magdalena indescriptible y 3 lacitos.

Pasados los 13.000 dm., el camino se suavizaba y recuperamos el paso alegre. Cuando llegamos al tramo final, con la ermita ya a la vista, nos tuvimos que abrigar. El viento empezó a soplar fuerte y frío, y el sol se ocultó.


Bajaba por el camino un grupo de mediana edad (bueno, más mediana que la mía).

_Oye, ¿por aquí se va al túnel de San Adrián?- me preguntó uno de ellos.
_Bueno, sí, bajáis siguiendo las señales amarillas y luego giráis a la derecha.- respondí.
_Vale.
(ni un gracias)
_Esto... ¿pero adónde vais?
_Al coche.
_No, ya, pero ¿dónde lo habéis dejado? ¿Habéis venido desde Otzaurte?
_....
_¿Habéis venido por Etxegarate?
_Sí, sí.
_Entonces no tenéis que cruzar el túnel, ya estáis del lado correcto. Seguís el camino hasta un refugio grande y enseguida estáis.
_Ah, gracias.- dijo como si se le hubiera hecho la luz.
(sí, ya, ahora sí ¿verdad?)
_De nada.

Teniendo la meta a la vista, encaramos la vereda con cuidado. No es peligrosa, tampoco muy aérea, tal vez resbaladiza con lluvia, pero sí hay que tener el paso firme y los ojos bien abiertos. Así se lo dije a Asier y se lo tomó muy a pecho, tanto que, cerca ya del final se detuvo y se quedó mirando algo.


_Venga, Asier, no pares ahora, que ya falta poco.
_Mira lo que he encontrado, aita.

Y lo miré.

 Este muchacho tiene mano con los fósiles.

La cumbre estaba abarrotada. De pronto, apareció un hombre y nos preguntó:

_¿Sabéis cuál es el Aitxuri?
_Sí, ese de ahí.- señalé.
_¿Y cómo se llega?
_Pues sigues la senda de bajada y luego al fondo a la derecha.
_Vale, gracias. (éste era muy amable)

Y salió corriendo. Mientras se alejaba, vimos un tatuaje que le cubría toda la pantorrilla derecha.

_¿Has visto, aita?
_Sí, hijo. A ti ni se te ocurra.

Y comimos junto a la cruz disfrutando de las vistas de las campas de Urbía y las del techo del País Vasco. Bueno, según se mire.


Regresamos por la ruta del calvario (sí, señor, mucho mejor bajando) y llegamos hasta la calzada romana. Unos metros más adelante, Asier se sorprendía al ver la entrada del túnel de San Adrián.


Llegados al coche, nos cambiamos y nos dirigimos al último hito del día, la Venta de Otzaurte.

No me extenderé más. Solo decir que la morcilla y la carne cocida eran las dos primeras de las cuatro delicias que ofrecía el cartel. El chorizo cocido era la última. Opté por él, esperando una ayuda de Asier con cualquiera de las otras dos opciones y así poder probarlas. No lo conseguí.



PD: Habrá que volver con ayuda.
PD2: No hay posibilidad de poder con dos pintxos una sola persona. Bueno, sí la hay, pero no es humano.
PD3: Al salir, nos encontramos con el corredor del tatuaje. Se había equivocado y había hecho en total veintiocho kilómetros. Sin agua. Pa darle un mal.

4 comentarios:

Iñaki Munain dijo...

Zorionak! Uno de los hitos que nos faltan en nuestro "G5".

¡Cuánto indocumentado! Y yo el primero: no conozco el sendero de subida sin pasar por el túnel

Sergio dijo...

Ya he visto tu G5. A nosotros nos faltan las Peñas de Aia, aunque ese paso "con manos" siempre me ha dado respeto.
Yo tampoco conocía la ruta, Josean me la comentó. Había leído alguna referencia pero no me convencía para nada. Sin embargo, es mucho más cómoda que el calvario. Alterna cuestas de distinta pendiente e incluso algún semi llano. La senda final, cuidadito con los niños pero nada más. Para la bajada, sin embargo, el calvario es mejor. Vas casi todo el camino por el hayedo y luego tienes calzada y túnel. Tanto en subida como en bajada, hay marcas amarillas suficientes para no perderse. Ahora bien, tanto éste, como el Txindoki, me parecen excesivos para Aimar (recientes 8 añazos). Ahí seguirán, no hay prisa.

IMANOL dijo...

Lamento poder desilusionar a Asier, pero la piedra esa no tiene mucha pinta de fósil...me parece que la roca "madre" es un granito (volcánica)y ahí fósiles ná de ná... pero mineral todo el del mundo!

Sergio dijo...

Que no, Imanol, que te confundes. El granito que ves es la encimera de mi cocina; la piedra es lo negro. Ya te lo enseñaré pero, por el momento, se queda como está (ejem, al menos hasta que acabe los exámenes).