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martes, 27 de mayo de 2014

Querido Sr. Miyagi.

Querido Señor Miyagi.

El pasado sábado, Asier asistió al campeonato de Gipuzkoa de clubes de judo. El ambiente era muy agradable, y Asier charlaba con los de su equipo mientras se iban formando los grupos. Éstos se componían de cinco niños de diferentes pesos que combatían con los de otro club de uno en uno. Todo iba discurriendo con normalidad cuando unos gritos nos llamaron la atención. En uno de los tatamis, un sensei chillaba a un niño que estaba en pleno combate. Le decía que estaba haciendo mal y qué tenía que hacer. En un momento de receso, mientras se arreglaban los judogis, agarró a uno de los muchachos del grupo y le indicó gráficamente al que estaba en el combate qué era exactamente lo que tenía que hacer.

(Los chicos del Cobra Kai)

Aquello me recordó mucho al Cobra Kai y enseguida pensé en usted. Decirle también que todos los niños de ese grupo ganaron sus combates de manera contundente y la mitad de sus contrincantes terminaron cuando menos doloridos.

Por fin, le tocó el turno a Asier. Tras el saludo inicial, los muchachos se agarraron y estuvieron moviéndose durante un rato por todo el tatami. Al final, Asier aplicó todos sus conocimientos aprendidos hasta la fecha y con un rápido movimiento cayó de espaldas sin hacerse el más mínimo daño.

El resto del campeonato transcurrió de manera similar, añadiendo algunos padres que coreaban y "animaban" a sus vástagos con vehemencia.

Para terminar, comentarle que, a diferencia de la película, los chicos del Cobra Kai ganaron el campeonato.

PD: Le echamos mucho de menos, Sr. Miyagi.

viernes, 23 de mayo de 2014

Aizkorri (15.230 dm.).

A la par nuestro habían llegado al aparcamiento un grupo de hombres y mujeres mayores, de piernas grandes y boca aún más grande. ¡Por favor! ¡Cómo chillaban! Maldecía nuestra suerte porque intuía que los llevaríamos a nuestra cuerda durante todo el camino; adiós a los cantos de los pájaros. Por fortuna, a la altura de la antigua casa de Mikeletes, tomaron rumbo a San Adrián, mientras que nosotros nos dirigimos a la ermita de Sancti Spiritus.


En tanto que recuperábamos el resuello, unos chavales nos alcanzaron.

_¿Es éste el camino del maratón al Aizkorri?
_Sí, sí, no tenéis mas que seguir las marcas amarillas de pintura.
_Gracias.
_De nada.

Y subieron corriendo.

Esa pregunta, y sus variantes, serían habituales durante todo el camino de subida; y de bajada.

La senda era clara y, poco a poco, nos internamos en el hayedo, aunque más bien lo bordeábamos disfrutando, de vez en cuando, de las vistas del valle. Ganábamos altura rápidamente, al principio de forma directa, luego en zigzag. Decidimos parar cada cien metros con objeto de mantener un ritmo y no desfondarnos con tanto andar y parar. Como buen equipo, comíamos de la misma comida y bebíamos de la misma cantimplora. A continuación dejo la relación de vituallas necesarias para acometer el desafío en condiciones óptimas (las cantidades son para dos personas):

_11.000 dm.: 2 tragos de agua y 2 magdalenas pequeñas rellenas (con una especie de nocilla).
_12.000 dm.: 4 tragos de agua, 1 magdalena de esas deliciosas y un lacito de hojaldre.
_13.000 dm.: 2 tragos de agua, 4 onzas de chocolate y 2 lacitos.
_14.000 dm.: 6 tragos de agua, 1 magdalena indescriptible y 3 lacitos.

Pasados los 13.000 dm., el camino se suavizaba y recuperamos el paso alegre. Cuando llegamos al tramo final, con la ermita ya a la vista, nos tuvimos que abrigar. El viento empezó a soplar fuerte y frío, y el sol se ocultó.


Bajaba por el camino un grupo de mediana edad (bueno, más mediana que la mía).

_Oye, ¿por aquí se va al túnel de San Adrián?- me preguntó uno de ellos.
_Bueno, sí, bajáis siguiendo las señales amarillas y luego giráis a la derecha.- respondí.
_Vale.
(ni un gracias)
_Esto... ¿pero adónde vais?
_Al coche.
_No, ya, pero ¿dónde lo habéis dejado? ¿Habéis venido desde Otzaurte?
_....
_¿Habéis venido por Etxegarate?
_Sí, sí.
_Entonces no tenéis que cruzar el túnel, ya estáis del lado correcto. Seguís el camino hasta un refugio grande y enseguida estáis.
_Ah, gracias.- dijo como si se le hubiera hecho la luz.
(sí, ya, ahora sí ¿verdad?)
_De nada.

Teniendo la meta a la vista, encaramos la vereda con cuidado. No es peligrosa, tampoco muy aérea, tal vez resbaladiza con lluvia, pero sí hay que tener el paso firme y los ojos bien abiertos. Así se lo dije a Asier y se lo tomó muy a pecho, tanto que, cerca ya del final se detuvo y se quedó mirando algo.


_Venga, Asier, no pares ahora, que ya falta poco.
_Mira lo que he encontrado, aita.

Y lo miré.

 Este muchacho tiene mano con los fósiles.

La cumbre estaba abarrotada. De pronto, apareció un hombre y nos preguntó:

_¿Sabéis cuál es el Aitxuri?
_Sí, ese de ahí.- señalé.
_¿Y cómo se llega?
_Pues sigues la senda de bajada y luego al fondo a la derecha.
_Vale, gracias. (éste era muy amable)

Y salió corriendo. Mientras se alejaba, vimos un tatuaje que le cubría toda la pantorrilla derecha.

_¿Has visto, aita?
_Sí, hijo. A ti ni se te ocurra.

Y comimos junto a la cruz disfrutando de las vistas de las campas de Urbía y las del techo del País Vasco. Bueno, según se mire.


Regresamos por la ruta del calvario (sí, señor, mucho mejor bajando) y llegamos hasta la calzada romana. Unos metros más adelante, Asier se sorprendía al ver la entrada del túnel de San Adrián.


Llegados al coche, nos cambiamos y nos dirigimos al último hito del día, la Venta de Otzaurte.

No me extenderé más. Solo decir que la morcilla y la carne cocida eran las dos primeras de las cuatro delicias que ofrecía el cartel. El chorizo cocido era la última. Opté por él, esperando una ayuda de Asier con cualquiera de las otras dos opciones y así poder probarlas. No lo conseguí.



PD: Habrá que volver con ayuda.
PD2: No hay posibilidad de poder con dos pintxos una sola persona. Bueno, sí la hay, pero no es humano.
PD3: Al salir, nos encontramos con el corredor del tatuaje. Se había equivocado y había hecho en total veintiocho kilómetros. Sin agua. Pa darle un mal.

jueves, 22 de mayo de 2014

Cerca del techo.

El sábado pasado, Aimar retomó su agitada vida social, invitado a otro cumpleaños. Como no podía ser de otro modo, aproveché la ocasión para ir al monte con Asier y escogimos Aizkorri. Lo hicimos porque tal vez esté algo alejado de la capacidad de Aimar, no tanto de subirlo como de disfrutarlo: no hay que correr, todo se andará.

Decidida ya la cumbre, restaba escoger la ruta. Por cercanía y facilidad, optamos por el acceso desde Otzaurte. Leí que la pista estaba abierta y que habían habilitado un aparcamiento cerca de la curva final; ya no habría que arrimarse a los arcenes.

Ignota la zona en cuanto a redesayunos, consulté a nuestro guía de cabecera y me respondió, como siempre, con prontitud, eficacia y regalando más detalles de los inicialmente solicitados. Por desgracia, no había en las cercanías sitio conocido para el avituallamiento inicial, no así para el final. La Venta de Otzaurte atesoraba morcilla y carne cocida con calificación "de lágrimita"; ya podíamos cerrar el círculo. Sin embargo, había un detalle más. Pretendíamos subir por la ruta denominada "el calvario". En su día la hice con Nieves y ciertamente merecía su nombre. También había una segunda opción, por la "ruta de los alaveses", pero no las tenía todas conmigo. Ambas cruzaban el túnel de San Adrián, imprescindible paso para hacer inolvidable la excursión, pero el final del mensaje nos ofrecía la mejor solución. Así, subiríamos por la ruta balizada de la maratón de Zegama; los puntos amarillos nos irían indicando el camino. El desnivel sería el mismo pero alternado con zonas de mayor y menor pendiente en lugar de la constante y demoledora del "calvario". Eso sí, volveríamos por ésta, a fin de cruzar el túnel y ver la calzada romana.



Entre un ligero madrugar y el no-redesayuno, calzábamos las botas y comenzábamos a andar recién dadas las diez de la mañana. Pero no estábamos solos.

PD: Ni mucho menos.
PD2: Mañana más, que me estoy alargando.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Haiku.

En el hayedo,
renacido de verde, 
salta el ratón.



PD: Que sí, que salta, que no corre, salta.
PD2: Haiku, no Kaiku.

martes, 20 de mayo de 2014

Cuenta atrás.

Miércoles, 7 de mayo, despierto a los muchachos.

_Vengaaa, chicooos, a levantarseee.
_Aita.-pregunta Aimar. ¿Qué día es hoy?
_Miércoles.
_No, ¡día!
_Siete.
_Mmm.... faltan catorce días para mi cumpleaños.

Al día siguiente:
_Venga, chicos...
_Aita, ¿qué día es hoy?
_Ocho.
_¡Faltan trece días para mi cumple!

Al siguiente:
_Venga, chicos...
_Aita,...
_Nueve.
_¡Faltan doce días para mi cumple!

Y así hasta hoy.
_Venga, chic...
_Aita, mañana es mi cumple.
_No, sí, ya.
_¡Es que estoy tan nervioso!

PD:Algo me había parecido intuir.

viernes, 16 de mayo de 2014

Soy marino.

Hace siete años, salí de casa y subí al ascensor. Cuando llegué abajo y se abrieron las puertas, me sobresalté. Un hombre estaba esperando para entrar. Pasaba de los cincuenta y vestía una chaqueta de cuero marrón bastante ajada. Tenía también un macuto al hombro y llevaba el pelo blanco cortado a cepillo. Pero lo que más me impresionó fue su rostro. Sus ojos claros y su piel, surcada por infinidad de arrugas, daban la sensación de haber vivido mucho, de haberlo visto todo. Me sonrió y me dijo:

_Hola, soy el nuevo vecino. Soy marino.
_Hola.- contesté, y me fui sin mediar con él ninguna palabra más.

Al volver a casa se lo comenté a Nieves:

_Me he topado con el nuevo vecino. ¿Lo has visto?
_No.
_Pues me lo he cruzado esta mañana y me ha dicho que es marino. No sé, me parece algo raro.

Y así pasó un tiempo. Nos encontrábamos en el ascensor, en la puerta del portal, en la calle,... y nos saludábamos como buenos vecinos. Nos parecía un hombre extraño, aunque siempre se mostrara amable y cordial. Charlaba con los niños y nos comentaba lo majos que eran con esa característica voz suya, ronca por el tabaco. Pero un día, al entrar en el portal, comprobé que estaba equivocado, y que el hombre extraño era yo. En su buzón, escrito de su puño y letra, había puesto una etiqueta con su nombre: Marino.

Recapitulando toda esa historia me vi a mi mismo desde su punto de vista. Un hombre que entra a vivir en una nueva comunidad, que saluda y se presenta educadamente, y lo único que recibe de vuelta es un "hola".

No creo que él me lo tuviera en cuenta. Nunca lo demostró, y nosotros mismos le tomamos cariño y jugábamos a saber cuándo estaba en casa por el olor a su colonia en la escalera.

Esta semana se ha ido. El lunes vino el camión de la mudanza y esta tarde se ha despedido de Nieves.

_El mundo es así.- le ha dicho.

No sabemos dónde irá pero, si lo vemos por la calle, seguro que lo saludaremos con una sonrisa.

PD: Buena travesía, Marino.

jueves, 15 de mayo de 2014

Argumentos convincentes.

El siguiente relato es verídico (bueno, más o menos). Me fue narrado por la única hija de mi suegra y lo transcribo según me lo contaron o creo recordar. Espero no tener que arrepentirme.

La madre va de visita a casa de su hija. Charlan de sus cosas, se ponen al día y deciden ir juntas a la peluquería. La hija piensa cortarse un poco las puntas. La madre ya verá. Entran y les atienden enseguida. Mientras comentan qué hacer, entra un mutilzarra; es una peluquería unisex. Parece ser un habitual y la peluquera le saluda cordialmente.

_Hola, Luis. ¿Qué quieres esta vez?
_Pues que me lo arregles un poco.

El hombre luce en todo su esplendor una auténtica cortinilla Anasagasti, a lo que añade unas canas esparcidas por toda su zona capilar visible: nuca, patillas, cejas, orejas... La peluquera lo mira a los ojos a través del espejo, frunce el ceño y dice suspirando.

_Puf, Luis, creo que sería mejor que esta vez cambiaras un poco. Yo... como que ya no te veo de moreno.

El hombre se resiste un poco e insiste tímidamente.

_Venga, que yo no lo veo tan mal. Teñir un poco y ya está.

La madre, atenta a todo lo ocurrido, interviene. La hija se arrepiente de no haber pedido una mascarilla facial y asiste a toda la conversación a cara descubierta (y colorada).

_Déjese usted de teñir ni teñir y quítese eso, hombre, que va a quedar mucho mejor.
_¿Usted cree?- replica el hombre, ligeramente azorado ante la inesperada intervención.
_Que sí, que sí. ¡Dónde va a usted a parar! Un hombre con el pelo corto es mucho más atractivo.

Con semejante argumento, el mutilzarra capitula. La tijera libera definitivamente el frontispicio y el Mundo es un poco menos kitsch.

PD: A partir de ahora se gastará el dinero en crema solar.
PD2: Bueno, como yo.


miércoles, 14 de mayo de 2014

Clásicos de los 80.

No puedo evitar recordar una película clásica de los ochenta.


De cuando Tom Hanks no era un actor serio.

PD: Memorable.

lunes, 12 de mayo de 2014

Txaradigorri (9.890 dm.) e Hirumugarrieta (9.640 dm.).

Hace un tiempo subimos a Alleko y, encantados con la zona, pensamos volver enseguida. Nuestro guía favorito, sin embargo, nos recomendó esperar al primer verdor de las hayas. "Son cimas boscosas".-comentó, y le hicimos caso. La semana pasada supimos que la hora había llegado y así, dos meses después, regresamos a Lizarrusti con la intención de disfrutar del hayedo prometido. Y vaya que si lo hicimos.

La mañana amaneció espléndida. Si a eso le añadimos que ya se nota la mejora en la temperatura, se comprende que preparáramos tan rápido las mochilas y llegáramos temprano al Koxkor de Lazkao para el redesayuno. Esta vez no faltaron los cruasanes ni las napolitanas y, ya bien aclimatados, llegamos antes de las once al puerto de Lizarrusti.

El camino comienza al otro lado de la carretera, poco antes del cartel que anuncia territorio navarro. La verja de un caserío (aún guipuzcoano) franquea el paso junto a unos perros ladradores y un cartel imperativo.

El uso de mayúsculas no excusa un "por favor"


Al poco ya empezaba a intuirse lo que nos iba a deparar el resto de la jornada: un paraíso en verde.


Con semejante espectáculo ante nuestros ojos, nos íbamos deteniendo cada dos por tres. Cuando no era para trucar unos tréboles, era para recoger un hayuco, ver otro recién germinado o contemplar un grupo de ellos con sus primeras hojas ya convertidos en pimpollos. Aprovechamos para plantar nosotros mismos uno y así tener una excusa para volver otro día.


 Unos chicos afortunados


Para quien no haya sido testigo del primer verdear de las hayas en primavera, lo más aproximado que se me ocurre es describirlo como un verdor tierno. Las hojas son traslúcidas y todo cuanto te rodea está cubierto de un hermoso tono verde tamizando la luz del sol. La cámara se volvió loca intentando controlar el balance de blancos pero, aun así, es muy difícil reflejar con una imagen el aura que impregna el bosque en esos momentos. Según avanzábamos intenté hacer comprender a los muchachos la excepcionalidad del momento. En un par de semanas, ese verde luminoso se transformará en un verde oscuro y opaco, y la claridad se tornará en sombra. Es muy fácil que durante este breve periodo llueva o el día amanezca nublado así que había que saber apreciarlo.


Entre paradas, cuentos de tesoros escondidos y piratas, lanzamiento de piedras con tirachinas, recolecta y siembra, llegamos al collado de Aasko que daba paso al monte homónimo. Tras un breve descanso fotográfico, renunciamos a la cima cercana y nos encaminamos con decisión hacia Txaradigorri siguiendo la línea de mugarris.


¿Dónde estará el mugarri ese?

Comentar que llevábamos un pequeño desbarajuste en cuanto a cimas, alturas, buzones y demás. En la web de Javier Urrutia hace mención de dos cimas, la occidental (9.630 dm.), sita en la divisoria, y la que tiene buzón y marca el punto más alto de la zona (9.890 dm), a la que también da una altura de 9.940 dm. en el título. Nosotros seguimos las indicaciones coloreadas y de carteles varios y, cuando el altímetro marcaba 9.850 dm., llegamos al dolmen de Antatxula, donde el cartel explicativo indica erróneamente 963 m. Puf, qué lío.  El dolmen sí estaba, pero el buzón no.  Deambulando por la zona, Aimar se encontró con un par de rantoncitos de campo; uno marrón y otro gris. Tras mirarse un rato a los ojos se fueron dando saltos dejando al chaval maravillado. La búsqueda del buzón fue infructuosa y, siendo aún relativamente pronto, decidimos continuar hasta el cercano Hirumugarrieta (9.640 dm.) para, por lo menos, dejar una nota en algún sitio a cubierto.

El aire había cambiado y la luz ya no era la misma, pero el tiempo aguantó y comimos tranquilamente en la cima arbolada. Asier devoró su bocadillo con una pierna en Ataun, otra en Burunda y las nalgas en Etxarri-Aranatz.

Detalle de la silla de Asier

Durante el camino de vuelta volví charlando con los muchachos, de dragones, técnicas de combate y esas cosas.

_Aita.-me dijo Aimar.
_Dime, hijo.
_¿Sabes? Me lo estoy pasando genial.
_¿Sí? Me alegro. ¿Y por qué?
_Por las bayas...
_¡HAYAS!.- corrigió Asier.
_Por las hayas que hemos plantado, las yescas, los ratones... ¿Sabes? Les voy a contar a mis amigos lo de los ratones. ¡No se lo van a creer! ¡Se van a quedar alucinados!
_Seguro que sí.
_Porque he visto cuatro ratones.
_¿Cuatro?
_Sí, uno saltando; dos en la madriguera, uno marrón y otro gris; y uno muerto.

Llegamos al collado de Aasko y nos enfrentamos a una pendiente pronunciada que no recordábamos. Al subir lo habíamos hecho tan entretenidos que ni nos habíamos dado cuenta. Un par de resbalones después (o tres) regresamos a Lizarrusti con tiempo para un café, un ping-pong y una partida de dominó.

PD: Si os dais prisa, a lo mejor os da tiempo este sábado.

PD2: Que no, que ya no hay buzón en Txaradigorri.


jueves, 8 de mayo de 2014

Una de romanos.

Corría el año I D.C.* y César contemplaba, sentado en su balanza (romana, obviamente),  la extensión de sus conquistas. Había conseguido mantener alejadas a las hordas de napolitanas que intentaban asentarse en sus dominios; vadeado ríos efervescentes; reducido a la nada aquellas imponentes montañas hojaldradas, otrora tan deseadas; y respiraba, relajado, el aroma de una victoria verde (aliñada con un poco de vinagre y unas gotitas de aceite). Sin embargo, en su ingenuidad, creía que todo el monte era orégano, sin caer en la cuenta de que eso le iba a recordar el sabor de una buena pizza.

Pasaron los meses y las tribus de omelettos del este empezaron a infiltrarse; fueron los primeros. Más tarde, los siguieron pequeños grupos de sacramentados, quienes hacían incursiones de vez en cuando, mermando su resistencia. Pero fue durante los idus de diciembre cuando, al regresar al hogar, una tartae de chocolate le esperaba a traición.

(sacramentados acechando en la niebla)

"Tu quoque, Nievaes".- acertó a balbucear con la boca llena.

La balanza cedió al envite calórico y, durante un tiempo, el perímetro del imperio fue ensanchándose. Tras los fastos de decembris, retomó la lucha y, poco a poco, fue reduciendo los efectos de aquellas dulces derrotas.

Se encontraba en esa batalla cuando de las tribus del norte le llegó una ayuda inesperada. Era una vestimenta que lucía una etiqueta. La recortó y la incorporó a su escudo de armas, junto al café humeante y el chorizo rampante: "L".


Animado, retomó la lucha, hambriento de victoria.

PD: Entre otras cosas.
PD2: Los sabios romanos no fueron capaces de entender que L fuera menor que XL.

*D.C. = dejando de comer.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Pongamos que hablo de Madrid.

¿Qué hace de la capital del reino una ciudad tan especial? Durante nuestra reciente estancia por los madriles pudimos comprobar ciertos detalles que definen incompletamente la idiosincrasia de la Villa y Corte.

_Tienen infinidad de estatuas; algunas, incluso, aún están sin desenvolver (como ésta de la plaza Legazpi).



_Convierten en zonas culturales antiguos parques temáticos (detalle de la Casa del Terror).



_Abunda los turistas; tanto que no les caben en las terrazas y los tienen tirados por ahí.


_El número de gamberros que estropean las cerraduras de los comercios es menor que el de cerrajeros que se dedican a arreglarlas.



_En el arte de hacer croquetas saben escoger los rellenos adecuados.



_Son unos virtuosos del violín.



_Las motos se aparcan en la acera sin problema (y no solo las scooter).



_No dan patadas a las puertas al entrar en sus casas sino que incorporan ingeniosos dispositivos en el lugar adecuado.


PD: Para otro día el extraño concepto de la tapa gratis con cada consumición (aún en estudio).

martes, 6 de mayo de 2014

Calendario mayo.

Mayo empieza bien.



PD: De vuelta del puente.

domingo, 4 de mayo de 2014

Irresistible.

Lo siento, no me pude contener.


Pd: Caminando por el filo de la ley.