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domingo, 23 de marzo de 2014

Ipuliño (9.340 dm.)

El comienzo de la primavera se anunciaba de malo a peor, así que había que preparar una ruta corta y no demasiado expuesta; optamos por Ipuliño (9.340 dm.)

La mañana del sábado, Aimar amaneció con unas décimas (ya se había acostado algo raro). Afuera chispeaba y decidimos que solo iríamos Asier y yo, mientras Nieves y el enfermo se quedaban en casa. Caminar bajo la lluvia no nos importa, pero tampoco creo que sea lo mejor en estos casos.

No conocemos ningún sitio en Berastegi así que, a falta de mejor opción, redesayunamos en Leitza. Hace un tiempo, probamos unas palmeritas integrales que no tuvieron gran aceptación entre alguno de los presentes. En esta ocasión, las vimos cubiertas de chocolate, dato importante que modificó una impresión inicial a todas luces errónea; todo está mejor bañado en chocolate.



No daban las once cuando empezamos a caminar bajo una lluvia suave e intermitente. Íbamos bien pertrechados de ropa, chubasqueros y capas de agua, pero no parecía necesario echar mano de ellas. Craso error. La siguiente media hora fue un andar y parar, abrir y cerrar mochilas, en un intento vano de adecuar nuestra vestimenta a la circunstancia. La lluvia, por su parte, también se encargaba de jugar con nosotros, arreciando y escampando sin pauta aparente. Al final, decidimos no detenernos más y que el propio esfuerzo nos mantuviera calientes, y aceptablemente secos, hasta la vuelta. Lo conseguimos a medias (calientes, sí; secos, no).

La ruta no es dura, aunque está jalonada por hitos de piedra. Se empina en un pinar y gira allá donde se hallan las hayas. Tras una cuesta costosa, fotografiamos unos narcisos desaliñados y llegamos a la cumbre.



No nos entretuvimos. Asier dejó la nota en el buzón, hicimos las fotos de rigor, contemplamos las impresionantes vistas hacia el Leitzaran...



...y reemprendimos el regreso con una idea en la cabeza: quitarnos la ropa mojada y comer algo caliente. Una hora y media después, conseguíamos ambas cosas.

Andaba rumiando, desde otra excursión de grato recuerdo, con ir a comer al restaurante Berekoetxea, en Gorriti. Aquella vez llegamos a oscuras y no recordaba el lugar con exactitud, pero no tuvimos mayor problema en dar con él. Una chimenea encendida nos dio la bienvenida y una mesa con vistas remató la decisión. Puestos a elegir menú, optamos por los clásicos, entendidos los mismos como croquetas caseras, macarrones con queso, huevos con jamón y alubias con todos sus sacramentos.

Estábamos dando buena cuenta de los primeros cuando nuestros vecinos de mesa, que habían llegado más tarde que nosotros, hicieron su comanda.

_Yo quiero las alubias.- dijo uno de ellos, el de mofletes colorados. ¿Vienen con todo?
_Sí, sí.- respondió la camarera.
_Y qué hacéis, ¿dejáis el perolo en la mesa?
_No, las traemos en un plato.

Eso me desconcertó, aunque el miedo me duró poco. En Navarra no tienen el mismo concepto que nosotros de lo hondo que puede ser un plato y de lo lleno que puede estar. ¡Viva el viejo Reyno! ¡Vivan las camareras de brazo fuerte y pulso firme!

Llegados a los postres, empezó a nevar con intensidad. En el restaurante estábamos cuatro mesas, y se empezaron a oir los comentarios ante la inopinada situación, que si a ver si vamos a tener problemas para volver, que si yo ya había dejado las cadenas en el garaje,... Yo, por mi parte, entre la excursión, la charla con Asier, el calor de la lumbre, la buena mesa y el paisaje exterior, intentaba retener en mi memoria aquel día para siempre.

Antes de subir al coche y apretarnos el cinturón, realizamos un paseo terapéutico por el pueblo, comprobando que el reciclaje puede ser mucho más que separar el plástico del papel.



PD: A eso llamo yo comenzar la primavera con buen temple.
PD2: En la calle no cuajó, aunque sí lo hizo en el comedor.


3 comentarios:

IMANOL dijo...

Tienes en Leiza un lugar muy recomendable para parar a comer. Según entras, dejando lo que fue la casa cuartel de la G.C. (ahora gaztetxe), en la misma acera, en el siguiente edificio (dirección centro del pueblo) un Restaurante de los de antes (lo delata una puertita y ventanita, a veces un pequeño banco)de comida casera y del tiempo asegurada, y muy bien atendido por el casero (maratoniano ahora, que entrena con Perurena)a un precio, además, inmejorable. P.D. Las alubias de Leiza son reconocidas.

Anónimo dijo...

Ole que ole; re-desayuno y comida de mantel. Yo me apunto.

Bonitas vistas de Leitzaran ;-)

Saluts,
Iñaki M.

Sergio dijo...

Gracias, Imanol, ya hablaremos del lugar preciso. No me veo preguntando en Leiza por el cuartel de la guardia civil (porque no sé euskera, más que nada).
Bien apuntado, Iñaki, aunque si te fijas, no ponen mantel (ni de tela, ni de papel).