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domingo, 16 de marzo de 2014

El camino a seguir.

Es labor de todo padre intentar que sus hijos se mantengan en la senda correcta. Al principio, caminará con ellos de la mano, luego irá soltándoles poco a poco y, un buen día, verá como avanzan delante de él hasta que no pueda seguirles. A lo largo del tiempo, intentará darles las herramientas adecuadas, predicar con el ejemplo y fiar al buen destino que no terminen perdiéndose o vagando sin rumbo fijo. Pero llega un momento en el que es necesario que ellos mismos sepan elegir su propio camino; es ley de vida.  Por eso, este fin de semana, teníamos pensado ir al Tuturre y aprender el manejo de la brújula y el altímetro. ¿O qué te pensabas?


Y nos salió el día perfecto... o casi.

Redesayunados en Lekunberri, a eso de las once dejábamos el coche donde lo hicimos cuando subimos a Uharrain hace tiempo. Éramos los únicos, y eso nos extrañó, aunque lo cierto era que el día no estaba como lo habían anunciado y no terminaba de levantar. La lluvia no tenía que llegar hasta bien entrada la tarde y las nubes parecían descansar en el suelo hasta que fuera la hora. Nos pusimos en marcha.

Con las reseñas que teníamos, habíamos calibrado el altímetro en Lekunberri (570 m.) e íbamos siguiendo el mapa y las indicaciones de la brújula. Para el que no lo sepa, el camino es una pista de cemento de unos cuatro metros de ancho, así que tampoco había pérdida.




Jugueteábamos con las curvas de nivel cuando llegamos a la fuente/abrevadero de Prantses erreka. Cuatro chicos jóvenes descansaban junto a ella comiendo un bocadillo; su perro permanecía cerca, atento a lo que pudiera caer. De pronto, el más grande de ellos se acercó a nosotros con su no menos enorme bocata en las manos y nos interpeló:

_Perdonad, es que nos hemos perdido. Queremos bajar a Baraibar. Hemos dejado el coche en Albi, hemos subido al Beloki y queríamos ir a Tuturre, pero hay una niebla bestial. ¿Sabéis cuánto se tarda por ese camino? Bueno, no sé si conoces dónde está Albi...

Decía todo eso señalando con la media barra (y pico) de pan, un camino de bajada por el monte.

_Hombre, no sé. Ya sé donde está Albi y por la pista por donde venimos creo que llegáis antes.
_¿Sí?- dijo, iluminándosele los ojos.
_Sí, no hay pérdida. Bajáis por la pista y llegáis a la carretera de subida al Santuario, cogéis a la derecha y ya está.
_¿Y a cuántos kilómetros está?
_De aquí en veinte minutos estáis en la carretera, y de allí a Albi, otros dos kilómetros. En tres cuartos o una hora a lo sumo lo mismo estáis.
_¿Solo? Jo, qué bien. ¡Gracias!
_Precisamente nosotros íbamos a Tuturre.-dije.
_Pues no se ve nada, pero nada, nada.- contestó, y se volvió con sus amigos.

Nos despedimos y, mientras nos íbamos, le oímos decir a sus compañeros:

_En una hora estamos. Dicen que van a Tuturre. Le he dicho que no creo que lleguen.
_¿Y tú que sabes?- le dijo uno.
_No sé, yo le he visto con dos niños pequeños y...
_¡JUAS! ¡Esos lo mismo tiran más que tú, chaval!

Y creo que las carcajadas se oyeron por todo Aralar.

Seguimos andando un rato más y, en efecto, según llegábamos a los rasos de Etzantza la niebla terminó de cerrarse.


(esto es ver mucho, pero tampoco voy a poner una foto blanca del todo)

Llegaba el momento de tener que dejar la pista y empezar a andar campo a través. Asier se estaba poniendo nervioso.

_Aita, ¿y si nos perdemos?

Le expliqué que no se preocupara, que nos volvíamos. También que puestos a elegir, ponerse nervioso en una situación comprometida no hace sino empeorar las cosas. No le hablé del GPS. Al fin y al cabo, tampoco es cuestión de fiar la seguridad familiar a un aparato a pilas. Aún quedaba mucho (apenas llevábamos una hora) y las perspectivas de ver algo eran nulas, así que dimos media vuelta y echamos mano del Plan B.




Ya en el coche, nos acercamos a visitar el Santuario de San Miguel de Aralar. Tantas veces tan cerca y nunca habíamos subido con los muchachos. No había estado desde la renovación del albergue y nos sorprendió gratamente la zona de comida libre. El cartel de "Prohibido bebidas de fuera" no nos gustó tanto, pero le dimos un voto de confianza. Entramos en el bar y pedimos un par de cafés y un chorizo.

_No tenemos chorizo.- respondió la dueña.

Y el voto de confianza se deshizo en mil pedazos.

Al salir, vimos un cartel en el que antes no nos habíamos fijado y que nos habría ahorrado el mal rato. Era el menú, y en él había términos del estilo, "...con crujiente de jamón", "Ensalada templada con...", o lo más doloroso de todo, "Crema de lentejas con brik de sacramentos". ¡Por favor!

Visitamos el Santuario y, en un momento en el que se despejó la niebla, vimos la cima de Artxueta (13.450 dm.), con su pista de acceso y demás herrajes en la cima. Volvimos a casa.




PD: Si no era por no subir, pero subir para nada...



5 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya.
¿Renuevan el albergue y lo convierten en un remedo de bar pijo de cualquier ciudad de allá abajo?
Hahahá... ay que gastar más, ¿es eso?
En breve ¿asistiremos al "no hay café"?. ¿A quien se le ocurre gastarse "solo" 1,25 € en una consumición?

Ay cómo estamos.

Iñaki M.

Sergio dijo...

Es que tampoco hay donde gastar, a no ser que quieras txutxes y patatas fritas de la maquinita. Teníamos pensado tal vez quedarnos a comer pero visto el tema se nos quitaron las ganas. Mejor hubiera sido bajar a Baraibar. Por cierto, el café con leche a 1,10€, tampoco tan caro.

eresfea dijo...

Ahí, ahí, forjando el carácter de las nuevas generaciones.

Ander Izagirre dijo...

¿Me adoptas?

Sergio dijo...

Adoptado, Ander, pero ven con un pan debajo del brazo (o en la mochila).