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jueves, 27 de marzo de 2014

Dudas astronómicas.

Asier desayuna en la cocina mientras Aimar aún se viste en la habitación. Nieves me coge en un aparte y me comenta por lo bajinis:

_Ayer pegué la oreja a la salida de Aimar y oí a unas madres comentar que un niño de su clase le había preguntado a la andereño que por qué el Sol no se movía, y que le había contestado que no lo sabía. Decían que eso no se podía contestar y la ponían a bajar de un burro.
_Bueno, no creas, la preguntita se las trae. Lo mismo ellas creen que lo saben y están equivocadas. ¿Qué niño?
_No lo sé.
_¿Le has preguntado a Aimar?
_No.

Vamos a la habitación mientras el pobre pelea por abrocharse el pantalón.

_Aimar, ¿sabes qué niño le preguntó a la andereño que por qué el Sol no se movía?
_Yo.
_...
_¿Sabes que en realidad sí que se mueve?- le digo.
_¿Sí?
_Sí, verás, la Tierra y los planetas se mueven alrededor del Sol porque tiene mucha más masa... bueno, pesa más (licencia física para no aturullar al chaval), pero el Sol también se mueve alrededor del centro de la galaxia. Ven, vamos a ver unas fotos. ¿Sabes cómo se llama nuestra galaxia?
_No.
_¡LA VÍA LÁCTEA!- contesta Asier, quien se acaba de unir a la fiesta.

Y echamos un vistazo a las diferentes galaxias mientras se nos acaba el tiempo del desayuno.

_Aita.- pregunta Aimar.
_Dime, hijo.
_¿Y en el centro de la galaxia qué hay?
_Un agujero negro.
_¿Y se lo va a tragar todo super rápido?
_Venga, acaba, que hay que salir pitando.

PD: Se lo expliqué a la vuelta.
PD2: Sí, se lo "tragará" todo, pero no super rápido; podéis estar tranquilos. Vosotros, que no vuestros descendientes lejanos.


domingo, 23 de marzo de 2014

Ipuliño (9.340 dm.)

El comienzo de la primavera se anunciaba de malo a peor, así que había que preparar una ruta corta y no demasiado expuesta; optamos por Ipuliño (9.340 dm.)

La mañana del sábado, Aimar amaneció con unas décimas (ya se había acostado algo raro). Afuera chispeaba y decidimos que solo iríamos Asier y yo, mientras Nieves y el enfermo se quedaban en casa. Caminar bajo la lluvia no nos importa, pero tampoco creo que sea lo mejor en estos casos.

No conocemos ningún sitio en Berastegi así que, a falta de mejor opción, redesayunamos en Leitza. Hace un tiempo, probamos unas palmeritas integrales que no tuvieron gran aceptación entre alguno de los presentes. En esta ocasión, las vimos cubiertas de chocolate, dato importante que modificó una impresión inicial a todas luces errónea; todo está mejor bañado en chocolate.



No daban las once cuando empezamos a caminar bajo una lluvia suave e intermitente. Íbamos bien pertrechados de ropa, chubasqueros y capas de agua, pero no parecía necesario echar mano de ellas. Craso error. La siguiente media hora fue un andar y parar, abrir y cerrar mochilas, en un intento vano de adecuar nuestra vestimenta a la circunstancia. La lluvia, por su parte, también se encargaba de jugar con nosotros, arreciando y escampando sin pauta aparente. Al final, decidimos no detenernos más y que el propio esfuerzo nos mantuviera calientes, y aceptablemente secos, hasta la vuelta. Lo conseguimos a medias (calientes, sí; secos, no).

La ruta no es dura, aunque está jalonada por hitos de piedra. Se empina en un pinar y gira allá donde se hallan las hayas. Tras una cuesta costosa, fotografiamos unos narcisos desaliñados y llegamos a la cumbre.



No nos entretuvimos. Asier dejó la nota en el buzón, hicimos las fotos de rigor, contemplamos las impresionantes vistas hacia el Leitzaran...



...y reemprendimos el regreso con una idea en la cabeza: quitarnos la ropa mojada y comer algo caliente. Una hora y media después, conseguíamos ambas cosas.

Andaba rumiando, desde otra excursión de grato recuerdo, con ir a comer al restaurante Berekoetxea, en Gorriti. Aquella vez llegamos a oscuras y no recordaba el lugar con exactitud, pero no tuvimos mayor problema en dar con él. Una chimenea encendida nos dio la bienvenida y una mesa con vistas remató la decisión. Puestos a elegir menú, optamos por los clásicos, entendidos los mismos como croquetas caseras, macarrones con queso, huevos con jamón y alubias con todos sus sacramentos.

Estábamos dando buena cuenta de los primeros cuando nuestros vecinos de mesa, que habían llegado más tarde que nosotros, hicieron su comanda.

_Yo quiero las alubias.- dijo uno de ellos, el de mofletes colorados. ¿Vienen con todo?
_Sí, sí.- respondió la camarera.
_Y qué hacéis, ¿dejáis el perolo en la mesa?
_No, las traemos en un plato.

Eso me desconcertó, aunque el miedo me duró poco. En Navarra no tienen el mismo concepto que nosotros de lo hondo que puede ser un plato y de lo lleno que puede estar. ¡Viva el viejo Reyno! ¡Vivan las camareras de brazo fuerte y pulso firme!

Llegados a los postres, empezó a nevar con intensidad. En el restaurante estábamos cuatro mesas, y se empezaron a oir los comentarios ante la inopinada situación, que si a ver si vamos a tener problemas para volver, que si yo ya había dejado las cadenas en el garaje,... Yo, por mi parte, entre la excursión, la charla con Asier, el calor de la lumbre, la buena mesa y el paisaje exterior, intentaba retener en mi memoria aquel día para siempre.

Antes de subir al coche y apretarnos el cinturón, realizamos un paseo terapéutico por el pueblo, comprobando que el reciclaje puede ser mucho más que separar el plástico del papel.



PD: A eso llamo yo comenzar la primavera con buen temple.
PD2: En la calle no cuajó, aunque sí lo hizo en el comedor.


jueves, 20 de marzo de 2014

Feliz año nuevo.

Otra vuelta más alrededor del Sol.


PD: ¡Qué mareo!

domingo, 16 de marzo de 2014

El camino a seguir.

Es labor de todo padre intentar que sus hijos se mantengan en la senda correcta. Al principio, caminará con ellos de la mano, luego irá soltándoles poco a poco y, un buen día, verá como avanzan delante de él hasta que no pueda seguirles. A lo largo del tiempo, intentará darles las herramientas adecuadas, predicar con el ejemplo y fiar al buen destino que no terminen perdiéndose o vagando sin rumbo fijo. Pero llega un momento en el que es necesario que ellos mismos sepan elegir su propio camino; es ley de vida.  Por eso, este fin de semana, teníamos pensado ir al Tuturre y aprender el manejo de la brújula y el altímetro. ¿O qué te pensabas?


Y nos salió el día perfecto... o casi.

Redesayunados en Lekunberri, a eso de las once dejábamos el coche donde lo hicimos cuando subimos a Uharrain hace tiempo. Éramos los únicos, y eso nos extrañó, aunque lo cierto era que el día no estaba como lo habían anunciado y no terminaba de levantar. La lluvia no tenía que llegar hasta bien entrada la tarde y las nubes parecían descansar en el suelo hasta que fuera la hora. Nos pusimos en marcha.

Con las reseñas que teníamos, habíamos calibrado el altímetro en Lekunberri (570 m.) e íbamos siguiendo el mapa y las indicaciones de la brújula. Para el que no lo sepa, el camino es una pista de cemento de unos cuatro metros de ancho, así que tampoco había pérdida.




Jugueteábamos con las curvas de nivel cuando llegamos a la fuente/abrevadero de Prantses erreka. Cuatro chicos jóvenes descansaban junto a ella comiendo un bocadillo; su perro permanecía cerca, atento a lo que pudiera caer. De pronto, el más grande de ellos se acercó a nosotros con su no menos enorme bocata en las manos y nos interpeló:

_Perdonad, es que nos hemos perdido. Queremos bajar a Baraibar. Hemos dejado el coche en Albi, hemos subido al Beloki y queríamos ir a Tuturre, pero hay una niebla bestial. ¿Sabéis cuánto se tarda por ese camino? Bueno, no sé si conoces dónde está Albi...

Decía todo eso señalando con la media barra (y pico) de pan, un camino de bajada por el monte.

_Hombre, no sé. Ya sé donde está Albi y por la pista por donde venimos creo que llegáis antes.
_¿Sí?- dijo, iluminándosele los ojos.
_Sí, no hay pérdida. Bajáis por la pista y llegáis a la carretera de subida al Santuario, cogéis a la derecha y ya está.
_¿Y a cuántos kilómetros está?
_De aquí en veinte minutos estáis en la carretera, y de allí a Albi, otros dos kilómetros. En tres cuartos o una hora a lo sumo lo mismo estáis.
_¿Solo? Jo, qué bien. ¡Gracias!
_Precisamente nosotros íbamos a Tuturre.-dije.
_Pues no se ve nada, pero nada, nada.- contestó, y se volvió con sus amigos.

Nos despedimos y, mientras nos íbamos, le oímos decir a sus compañeros:

_En una hora estamos. Dicen que van a Tuturre. Le he dicho que no creo que lleguen.
_¿Y tú que sabes?- le dijo uno.
_No sé, yo le he visto con dos niños pequeños y...
_¡JUAS! ¡Esos lo mismo tiran más que tú, chaval!

Y creo que las carcajadas se oyeron por todo Aralar.

Seguimos andando un rato más y, en efecto, según llegábamos a los rasos de Etzantza la niebla terminó de cerrarse.


(esto es ver mucho, pero tampoco voy a poner una foto blanca del todo)

Llegaba el momento de tener que dejar la pista y empezar a andar campo a través. Asier se estaba poniendo nervioso.

_Aita, ¿y si nos perdemos?

Le expliqué que no se preocupara, que nos volvíamos. También que puestos a elegir, ponerse nervioso en una situación comprometida no hace sino empeorar las cosas. No le hablé del GPS. Al fin y al cabo, tampoco es cuestión de fiar la seguridad familiar a un aparato a pilas. Aún quedaba mucho (apenas llevábamos una hora) y las perspectivas de ver algo eran nulas, así que dimos media vuelta y echamos mano del Plan B.




Ya en el coche, nos acercamos a visitar el Santuario de San Miguel de Aralar. Tantas veces tan cerca y nunca habíamos subido con los muchachos. No había estado desde la renovación del albergue y nos sorprendió gratamente la zona de comida libre. El cartel de "Prohibido bebidas de fuera" no nos gustó tanto, pero le dimos un voto de confianza. Entramos en el bar y pedimos un par de cafés y un chorizo.

_No tenemos chorizo.- respondió la dueña.

Y el voto de confianza se deshizo en mil pedazos.

Al salir, vimos un cartel en el que antes no nos habíamos fijado y que nos habría ahorrado el mal rato. Era el menú, y en él había términos del estilo, "...con crujiente de jamón", "Ensalada templada con...", o lo más doloroso de todo, "Crema de lentejas con brik de sacramentos". ¡Por favor!

Visitamos el Santuario y, en un momento en el que se despejó la niebla, vimos la cima de Artxueta (13.450 dm.), con su pista de acceso y demás herrajes en la cima. Volvimos a casa.




PD: Si no era por no subir, pero subir para nada...



martes, 11 de marzo de 2014

Pidiendo la luna.

Hoy he pedido la luna. Tardará de dos a tres días.

PD: La del coche, rajada por una piedra.

domingo, 9 de marzo de 2014

Alleko (10.170 dm.)

El viernes saltaron todas las alarmas: ¡SE ACERCA BUEN TIEMPO! ¡VAMOS AL MONTE! ¡A SECARNOS! Bien podría ser que tuviera una serie de rutas preparadas para cuando la ocasión disponga, pero la realidad es que vamos a salto de mata y las preparamos los viernes, de víspera; y así salió la posibilidad de ir a Alleko (10.170 dm.)

Teníamos pendiente visitar la casa forestal de Lizarrusti, el aterpe, el centro de interpretación, el restaurante, la antigua casa de miqueletes... o lo que venga a ser que sea ahora tras la reforma. Nos despertamos pronto y partimos dirección Ataun con intención de redesayunar en el Koxkor de Lazkao, como ya hemos hecho alguna que otra vez. Sin embargo, confundimos algún desvío y nos costó encontrarlo. La calle principal de Lazkao estaba cerrada al tráfico y nos volvimos locos con las vías laterales y las direcciones prohibidas. Al final, dejamos el coche y llegamos andando a la cafetería para comprobar, horrorizados, que se habían acabado los cruasanes, napolitanas de chocolate, palmeras y similares. Únicamente una bolsa con mini cruasanes se interponía entre la desazón y la calma; resolvimos el entuerto con media docena de ellos (y cinco para llevar).

Reconfortados, retomamos la carretera y llegamos, por fin, al párking de Lizarrusti. Y digo "por fin"  porque, entre los ciclistas que bajaban a tumba abierta invadiendo el carril contrario y los que daban bandazos intentando superar el puerto, subimos con todo el cuidado del mundo haciendo un trenecito detrás nuestro.



La ruta al Alleko tiene varias posibilidades. La primera asciende por la ladera este, siguiendo el GR de la vuelta a Gipuzkoa hacia Igaratza. El inconveniente es que las pendientes son fuertes, sobre todo la última, cuando acomete directo a la cumbre. Otra posibilidad es tomar el camino que lleva hasta el embalse de Lareo. Pasa por un túnel, algún puentecillo, hay una cadena para ayudar en un paso peligroso y, en el fondo, es más bonito, más aventurero pero... siempre hay un pero. Al parecer (y digo "al parecer" porque no lo he hecho) remontar todo el cresterío final termina por ser penoso. Nosotros optamos por una tercera vía que, a la postre, también tuvo lo suyo.

Comenzamos por el camino a Lareo tomando, a una cierta altura, un desvío señalizado hacia Alleko. Subimos por una pendiente fuerte y un camino sin colorear; las únicas marcas eran las del suelo. Por desgracia, la tenue señal se fue borrando según cogíamos altura. El hayedo mantenía un manto de hojas, intacto desde que se cayeron, allá por el otoño. En varias ocasiones extraviamos la senda, aunque mantuvimos la orientación. Al fin y al cabo era fácil, hacia arriba y a la derecha, en busca de la cresta. La ladera también se prestaba a ello y terminamos por zigzaguear hasta que el suelo empezó a despejarse y retomamos la vía. Ya en la línea de cumbre, pasamos por un tejo solitario y seguimos la línea de mugarris, alcanzando la cima al mediodía solar.


En la cumbre nos topamos con dos buzones. Uno de ellos, del club vasco de cámping, era un reloj de sol y estaba suelto. Alguien lo había "puesto en hora" ajustándolo al horario de invierno.



Aprovechando que eran las dos de la tarde, lo colocamos en la posición correcta alineando, de paso, la línea norte-sur.



Dejamos nuestra nota y cogimos una del Club Alpino Aldatz Gora de Bilbao del 16 de febrero. Definitivamente, no sube mucha gente a este monte.



El día era espléndido, aunque empezó a soplar un viento molesto. Del lado guipuzcoano la ladera está pelada pero, del navarro, el hayedo continúa. Decidimos descender un poco hacia el bosque foral y guarecernos al socaire para hacer unos huevos y unos san jacobos montañeros, de gran aceptación entre los presentes. Terminada la comida decidimos descender directamente hacia el GR y en una hora volvimos a Lizarrusti.

Mientras los niños jugaban, brincaban y se columpiaban en el parque (¿quién dijo cansancio?) un grupo de moteros pasó por el puerto, pillándome con la cámara en la mano (lástima que fuera la compacta).



Siendo aún temprano pasamos a tomar algo para, de paso, calibrar el nivel choricil del lugar. El examen se saldó con un sobresaliente. Y no solo por el ágape sino por la chimenea y el ambiente que se respiraba.


PD: Ahora solo queda buscar más rutas por la zona.

viernes, 7 de marzo de 2014

Asturias no solo es fabada.

Mira tú que no habremos ido veces ni nada a Oviedo que aún encontramos cosas nuevas que conocer. Por un lado, la extraña manera que tienen de celebrar los carnavales. Los sobrinos tuvieron fiesta lunes y martes, como Asier y Aimar, pero esos días no hubo cabalgatas ni desfiles en Oviedo, sino en Gijón. En la capital se celebran la semana siguiente, cuando ya no hay fiesta.

Y como segundo descubrimiento, un nuevo sitio donde comer; que no todo va a ser fabada.

Por un lado, hongos escondidos. Y qué mejor escondite que debajo de un jamón o enterrados entre puré de patata y un huevo escalfado.



Y como broche final, el plato estrella, cucurucho de mar (de sabor más original que el nombre).



PD: En El reloj de Porlier.
PD2: Así no hay manera de terminar un régimen.

martes, 4 de marzo de 2014

Calendario marzo.

Reza el dicho: "El sol de marzo, pega como un mazo".



PD: Más pega el granizo, añado.