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miércoles, 5 de febrero de 2014

Mendibil (8.230 dm.).

Para el sábado se anunciaba lluvia, y nieve a partir de 400 m., pero teníamos los buzones vacíos y había que hacer algo. Además, nunca llueve todo el día y para eso tenemos los chubasqueros así que preparé una ruta por los alrededores del Ernio.

_Si llueve, ya parará.- pensé; y con ese pensamiento nos fuimos a la cama.

El sábado daba miedo asomarse. Lo consulté con Nieves y decidimos seguir adelante. Seguramente a lo largo del día dejaría de llover.

_Ya parará.- le dije a Nieves, pero cambiamos la excursión a una más sencilla en la zona de Leitzalarrea, Mendibil (8.230 dm.).

Mantuvimos las buenas costumbres y redesayunamos en Leitza. Seguía lloviendo pero nos acercamos a Ixkibar y nos pusimos casi toda la ropa que llevábamos. El resto lo reunimos en dos mochilas y comenzamos a caminar. No podía seguir así mucho tiempo, pronto pararía; seguro.



Poco antes de Izaieta el tiempo cambió; a peor. La lluvia arreciaba aunque no hacía casi viento. Yo saqué mi poncho de lluvia, de esos que cubren incluso la mochila y te hacen parecer un jorobado; Nieves, la capa de agua para la bici, que le hacía los usos; Asier, mi canguro grande, viejo pero aún impermeable; y Aimar, el chubasquero de Asier, lo suficientemente amplio como para ponérselo encima de todas las capas de abrigo que llevaba.



Según avanzábamos, nos encontramos con futuras familias de ranas, sapos y salamandras. Aimar capturó al hermano mayor de una de ellas pero lo dejó delicadamente tras saludarle. Los charcos al borde del camino estaban repleto de racimos de uvas extemporáneos (qué lejos queda el año nuevo).


Pasamos por Sasain iturria pero había más agua por fuera que por dentro. Aprovechamos el cobijo de un árbol para comer un poco y seguimos caminando; todavía no paraba de llover.

Comenzamos a bordear Mendibil y la pendiente empezó a ser más pronunciada. Eso nos ayudó a volver a entrar en calor después del descanso. Llegamos al collado. De frente teníamos el último repecho, una loma herbosa llena de matorral bajo y un sendero más o menos embarrado que nos llevaría hasta la cumbre.

Y entonces paró de llover.



Y se puso a nevar.

Según subíamos, el viento comenzó a azotar más fuerte. En poco tiempo conseguimos llegar a la cima, oculta parcialmente en una niebla cada vez más densa. El buzón estaba en medio de un charco pero Asier se apoyó en una piedra y consiguió abrirlo para encontrar la nota de unos montañeros que habían estado antes que nosotros. Ellos habían madrugado, porque tenían anotada las once y media como hora de llegada. Allá ellos, se perdieron la nevada. ¿Quién querría estar en ese momento calentito en casa bajo una manta o frente a un chocolate caliente? Nosotros, no (bueno, luego, sí pero aún no).

Dejamos nuestra nota y nos dispusimos a bajar, pero no se veía por dónde. No había pasado ni media hora y la huella había desaparecido amén de que la niebla tampoco dejaba ver mucho más. Para empeorar las cosas la cumbre tenía la misma pendiente en todas direcciones. Dicen que la orientación es un don y que la brújula es su aliada aunque una ventolera nos evitó males mayores: subimos con el viento de cara, bajamos con el viento de cul... de espalda (y el GPS en el hombro).


Comenzado el descenso, entre la niebla apareció una masa grande, oscura y lenta acercándose a nosotros. No, no era un gorila de lomo plateado sino un todoterreno con el casero llevando paja a las ovejas. Nos saludamos.

Ya de vuelta, en el coche, nos quitamos la ropa mojada. Únicamente las botas y parte de los calcetines de los chavales estaban empapados. El resto, entre las capas y más capas, y el calor del esfuerzo estaba completamente seco.

PD: ¿He dicho que Nieves y los muchachos llevaban también pantalones de agua? Yo, polainas.
PD2: Chocolate caliente y manta nos esperaban en casa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo el sábado iba a salir al monte y me rajé, ¡llovía mucho!

Zorionak,
Iñaki

Sergio dijo...

El agua solo moja, y si estás en marcha casi ni lo notas. Otra cosa es que hiciera viento. El viento tira ramas y hace peligroso ir por los bosques por donde nos metemos tú y yo. Si hace viento, en casa, si llueve... bueno, esta vez hemos ido, la próxima, no lo sé. (Lo que pasa es que teníamos unas ganas...)

eresfea dijo...

Venga..., confiesa: la penúltima fotografía es de un viaje a Escocia.

Sergio dijo...

Eresfea, ¿acaso has reconocido las faldas?