www.flickr.com

martes, 11 de febrero de 2014

Gazume (9.970 dm. y 10.000 dm.).

El ocho de febrero, cumpleaños de mi hermano, Miguel, subimos a Gazume. Unos llegamos a los 9.970 dm.; otro, a 10.000 dm.

Aun a riesgo de parecer unos temerarios, el sábado por la mañana no nos importó que estuviera lloviendo. Ya no hicimos suposiciones como otras veces, pensando que pararía y directamente fuimos preparados. Llegamos a una hora prudencial a Iturriotz (sin redesayuno) y enseguida nos pusimos en camino. No llevábamos quince minutos andando cuando un afilado vendaval de granizo (no de los gordos, sino de los que pican) cayó sobre nosotros. Semiguarecidos bajo las ramas de un árbol pelado nos replanteamos la posibilidad de volver; vamos, que una cosa es dar un paseo bajo la lluvia y otra hacer el tonto. Asier dio con la solución, caminaríamos media hora más y luego veríamos. Con todo, la lluvia y el granizo no serían los protagonistas de la jornada, sino una niebla densa y pertinaz que, sin embargo, se disiparía en el momento oportuno.


Reemprendimos la marcha y nos cruzamos con un par de corredores de montaña. Ambos iban con unas mallas sin imaginación y un chubasquero fino. Uno de ellos se torció el tobillo delante nuestro, soltando un improperio que no repetiré aquí pero que me apunto para emplearlo en una ocasión oportuna. Llegamos al cruce que se desvía de la ruta a Zelatun y sube directo a Gazume. Era una senda nueva para nosotros. No estaba muy pisada y la seguimos con cuidado. No se veía a diez metros pero, cuando la pendiente se hizo más suave, localizamos entre la niebla la borda que andábamos buscando. Estaba cerrada.



Comimos un poco de chocolate y unos lacitos de hojaldre pero no nos detuvimos más. El altímetro indicaba que no faltaba mucho para la cumbre y no queríamos enfriarnos.

Seguimos subiendo. Varios caminos bordeaban la montaña sin coger altura y supuse que estarían hechos por el ganado para ir de unos pastos a otros. Los cruzamos en diagonal caminando pendiente arriba. Teníamos que estar cerca de la cima pero no terminábamos de localizarla. Y entonces se disipó la niebla, aunque la imagen que vimos no fue precisamente reconfortante.



Un poco más arriba incluso pudimos ver el sol peleando con las nubes.



Estábamos en lo más alto y dejamos con cuidado nuestra nota en el buzón. Habíamos llegado a los 9.970 dm., pero a Asier le dio pena quedarse tan cerca de los 10.000 dm. Desde la víspera que hablamos de la altura de la montaña, el chaval ya tenía algo pensado y en un momento consiguió su objetivo, siendo el único de la expedición en redondear la cifra (ya fuera por razones de altura o de peso).



El descenso a Zelatun fue directo. Tal vez hubiera un camino más cómodo pero la niebla había vuelto y optamos por lo más fácil. Los últimos metros hasta el refugio fueron apresurados; la promesa de un caldo caliente pudo con nuestra fatiga.

Entramos en la borda y la familia de los dueños nos recibió comiendo junto a la entrada. Al fondo, la chimenea mantenía una débil llama y la niebla del exterior continuaba en el interior; para algunos sería una molestia, para mí... bendito olor a leña. Descargamos los bártulos y nos acomodamos en la mesa del fondo, junto al fuego.



Mientras Asier pedía, el dueño se acercó y echó un gigantesco tronco de haya que prendió rápidamente. Y así, tras cambiar el caldo por unos platos de huevos con chorizo y patatas (¿no había caldo? quién sabe) nos reconfortamos por dentro y por fuera al amor de la lumbre escuchando en el tejado la última granizada del día.



Salimos calientes y contentos. La niebla se iba disipando y parecía que nos diera pereza terminar la excursión. Poco antes de llegar a Iturriotz nos volvieron las prisas al empezar a llover con fuerza.

PD: Un baño caliente nos esperaba en casa.
PD2: Sobre la chimenea, un detalle que me hizo acordarme de alguien. Mira bien la imagen antes de pinchar aquí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Estáis enormes.
Gazume fichado hace tiempo, así en plan circular.
Esos huevos fritos.
No me ha hecho falta pinchar para saber lo del pastor.

Enhorabuena,
Iñaki M.

Sergio dijo...

Disfruta del Gazume un día despejado, nosotros volveremos para ver lo que no vimos.