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sábado, 18 de enero de 2014

Onddo (7.850 dm.) al estilo Annapurna.

Cuenta Maurice Herzog en su libro "Annapurna, primer ochomil", que la primera intención que tuvieron fue escalar el Dhaulagiri pero renunciaron por la imprecisión de los mapas y lo impresionante de su cumbre. Algo similar nos ocurrió el pasado 11 de enero, cuando partimos de San Sebastián con la intención de coronar el Zaburu (7.810 dm.) pero terminamos subiendo al Onddo (7.850 dm.).

 La jornada comenzó tardía. No se puede celebrar un cumpleaños e inaugurar un piso y meterse pronto en la cama. Hay que demostrar un respeto por las costumbres locales ahí donde uno esté, y así lo hago siempre que puedo; y podía. Así, no antes de las once de la mañana, calzábamos las botas en Besabi y comenzábamos a andar rumbo a Zaburu por la clásica al Adarra, saludando a la fauna local.


 (dos inteligentes animales aplicando el "yo te rasco, tú me rascas") 
 

La mañana era fresca y luminosa, y caminábamos tranquilos. Habíamos dejado la zona de aparcamiento llena y pensábamos que nos encontraríamos el monte a rebosar de gente; luego comprobamos que lo que estaba completo era el restaurante. 



(mañana fresquita, tralarí, tralará)

Llegamos sin problemas al llano de Belabieta y comenzamos a rodear el Adarra. Como siempre, algo más en invierno, algo menos en verano, el camino presentaba zonas de profundo barrizal. Procurando no resbalarnos demasiado llegamos sin mayor contratiempo al collado de Eteneta, con su crómlech redondeado y su menhir enhiesto.



Vistas las horas que eran, la de comer y la solar, sopesamos la situación. Bordear la loma por una senda huidiza, bajar, subir, volver a bajar y volver a subir,... Lo agreste de la cumbre del Zaburu en comparación a la loma herbosa del Onddo... Decidimos, como otros hicieron antes, renunciar a Zaburu por la imprecisión de los mapas y lo impresionante de su cumbre (en comparación). Y bueno, al igual que Herzog, nosotros tampoco habíamos subido nunca al Onddo.

Comimos en un vertice geodésico de esos que sirven para apoyar la espalda y a punto estuvimos de echar un sueñecito en su buzón.


 En su lugar, Asier y Aimar dejaron su nota y volvimos a Besabi justo a tiempo para un café y un choricillo mientras limpiaban las mesas. El aroma a alubias y chuleta aún flotaba en el ambiente.

Estábamos recogiendo cuando una llamada sonó en el móvil:

 _¿Marc? ¿Qué pasa? ¿Dónde estás? (a este hombre siempre hay que preguntarle donde está).
_Debajo de tu casa.
_¿Cómo?
_Es que vengo al Cross de Elgoibar y estoy filmando unas cosas para el reportaje de la Behobia.
_Pues estamos en el monte. ¿Luego quedamos?
_Vale, luego quedamos.

Pero no pudo ser. Sus compromisos le llevaron más tiempo del esperado y solo pudimos hablar por el móvil mientras me saludaba desde el balcón de una suite del Hotel de Londres.

PD: Y yo disfrutaba del hermosos paisaje de la bahía de la Concha de noche.
PD2: Y de su fresca brisa marina.

2 comentarios:

Jonathan dijo...

La subida a Zaburu se las trae, pero entre el collado entre el Ondo y éste, hay un montón de cromlechs y un dolmen.

(Lo más fácil es ir por la pista madereda que va desde Besabi hasta este collado rodeando al Adarra, pero es muy aburrida y el acceso de la pista al sendero creo que era bastante pronunciado)

Sergio dijo...

Gracias, Jonathan, la próxima vez iremos preparados.