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miércoles, 25 de diciembre de 2013

Venteando (La aventura de los dos miles prepirenáicos).

La expedición montañero-navideña de este año se cotizaba cara, y muchos no pudieron costearla: gripe, trabajo, compromisos, la víspera fue Santo Tomás,... Sin embargo, este pasado domingo, algo  más temprano de lo habitual, Josean, Asier y yo, nos embarcamos otra vez rumbo a la aventura. El objetivo, nuestro primer tres mil, Ekaitza (1.047 m.), Mendieder (1.071 m.) y Mendaur (1.131 m.).; aunque al final optamos por un dos mil, dejando Mendieder para otra ocasión.

Últimamente, la geografía vasco-navarra se ve jalonada por nuevas posadas donde avituallarse. No son setales, así que tengo permiso para comentar nuestra primera parada en Bera de Bidasoa, en la panadería/pastelería/cafetería Sarobe. Dejamos el coche en la plaza y Josean y Asier se adelantaron. Yo los seguía de cerca pero, en una esquina, los perdí de vista. Me detuve para ver si los localizaba, venteé (2) el aire y los encontré; a ellos y a los parisinos. Los parisinos son ...

(Oh, là, là!)

Seguimos camino y nos acercamos por pista rodada hasta el embalse de Mendaur. Calzamos las botas y, tras un breve calentamiento, empezamos a ganar altura. En ocasiones, la pendiente rozaba el límite de deslizamiento pero no tuvimos mayor contratiempo y, tras ventear (3) algún que otro montón de hojas, llegamos al cordal.

(ventea tú, venteo yo)

Dirigimos nuestros pasos al Ekaitza (10.470 dm) caminando por la cresta. Venteaba (1) del sur, deshaciendo el mito del viento cálido, y nos guarecimos a sotavento al llegar a la cima para escribir la nota del buzón. Un montañero se acercaba del lado contrario. Andaba despistado, venteando (4), y Josean le solucionó sus dudas. La batalla contra el meteoro fue épica y merecedora de ser recordada por nuestros descendientes; quede para ellos esta imagen.


Quizás fuera mi imaginación, pero me dio la impresión de que, en ese momento, sonaba en el aire una pegadiza tonadilla.

Aún no estábamos deslomados y lomeamos rumbo a Mendieder, deteniéndonos para ayudar al escaso ganado local. Rompimos el hielo de las pequeñas pozas con todos los medios a nuestro alcance: bastones, botas, cabeza,... dejando el agua fresca accesible para ovejas y corderos.



Al rato, tuvimos que tomar una decisión. Quedaba un ligero ascenso y un cresteo hasta la cima, descenso hasta el collado de Bustitza y una última ascensión a Mendaur. Optamos por no seguir subiendo y nos llegamos hasta el collado, cogimos agua en la fuente y nos encaminamos hacia la ermita y el refugio. Un paisaje digno de Mordor nos esperaba.



Los suaves zigzag nos aproximaban al final de la ruta. Estábamos ante unas moles de piedra, aparentemente inexpugnables. Seguimos un poco más y descubrimos unas escaleras de piedra que franqueaban el paso hasta la cumbre. En el número veintidós perdí la cuenta.

(39, 40, 41,...)

Visitamos la ermita y pasamos al refugio, donde tomamos un caldo caliente, perfecto para templar el cuerpo, y un chocolate caliente, perfecto para elevar el espíritu (el refugio es libre; caldo y chocolate los llevábamos nosotros). Reseñar que el refugio está muy bien, con su mesa larga, sus bancos corridos, su chimenea apagada,... Antes de comenzar el regreso, buzoneamos por segunda vez y volvimos al embalse acortando el camino por la ladera.

Ya de vuelta, hicimos un alto en Doneztebe donde tomamos un café y desgustamos unos deliciosos lacitos de hojaldre; uno de ellos cubierto de chocolate blanco.


Una vez más (y van...) mil gracias a nuestro sherpa particular por sus enseñanzas, que alegraron el día a los niños de diversas edades que acudieron fieles a la cita, y la noche a los que no pudieron ir y que escucharon atentos la narración de tan excelsas aventuras.

Pd: Donde digo uno, digo dos y otros cuatro para llevar.
Pd2: La acepción nº 8, se sobreentiende, estando entre machotes, pero no se comenta, estando entre caballeros.

3 comentarios:

Iñaki Munain dijo...

Qué guay. Al Ekaitza le tengo un especial cariño. Está ahí, como un poco perdido entre el Bidasoa y el Urumea, Artikutza, Malerreka... tiene carácter.
Y qué decir del Mendaur, en cuya ermita-refugio pasé una noche en mis primeros años de montañerito.
Eso sí, subíamos desde el mismo Aurtiz o Sunbilla, aunque la pista cementada hasta el embalse va a procurar que lleve a los niños más pronto que tarde y podamos gozar tempranamente, como vosotrros, des esa gloriosa cresta herbosa sobre Arantza.
Muy feliz año nuevo familia.

Sergio dijo...

Tienes razón en todo, Iñaki. Lo único, que la aproximación hasta el embalse recomendaría todo-terreno.
Feliz año a vosotros también.

eresfea dijo...

Así fue.