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martes, 31 de diciembre de 2013

Por amor al arte.

Fritos, a la plancha o hervidos; en el mar, en un lago o en el río; en libertad, en el Aquarium o en una pecera; definitivamente, a Aimar le encantan los peces. Durante su convalecencia de la varicela, cuando ya podía salir a la calle pero aún era pronto para ir a clase, Nieves y él se acercaron a la pescadería. Según me cuentan, quedó embelesado por el espectáculo y fue nombrando los diferentes pescados con reseñable acierto. En eso, nuestra pescatera, Claudia, se dirigió a él y le pidió un dibujo para decorar el puesto en Navidad.

Durante los siguientes días, Aimar fue pensando, esbozando, pintando y coloreando el dibujo que Claudia le había pedido. Cuando lo terminó, ya recuperado del todo, Nieves buscó un hueco por la tarde y se lo acercó. Aimar volvió contento:

_Lo va a colgar en la pescadería.-me dijo.


El sábado pasamos por allí a verlo. No había demasiados, aunque poco importaba. Aimar me señaló el suyo, que reconocí enseguida, un barco naranja, con unos peces durmiendo (Zzzzz) y unos Reyes Magos, un Olentzero y un Papá Noel tornados igualmente en peces cumpliendo sus funciones navideñas. Posó delante de él, charlamos con Claudia y nos fuimos a casa, orgullosos de su obra.

PD: Tenía pintado hasta un roscón de reyes para que picaran.

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