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domingo, 24 de noviembre de 2013

Carpe Diem.

Este pasado sábado, veintitrés de noviembre, estuvimos conociendo el pueblo de Baraibar, cuna del elegante pelotari, Ladis Galarza, bicampeón manomanista y cuyos duelos con Retegi II marcaron una época (aunque en realidad el plan inicial no era ese).


Pendiente el post del pasado sábado, con la exitosa visita a las campas de Albi, y con Aimar totalmente restablecido de su afección, madrugamos para volver a deslizarnos una vez más por las laderas nevadas de Aralar. No eran las diez cuando nevaba con fuerza en Lekunberri. Habíamos pensado en no detenernos a redesayunar para evitar aglomeraciones en el aparcamiento pero, sabiamente, decidimos reconsiderar nuestra postura.

Terminábamos nuestro refrigerio cuando la panadería se empezó a llenar de padres y niños en nuestra misma situación. La nevada había cesado y subimos al coche. Durante los primeros kilómetros, la carretera aparecía limpia. Solamente pasado Baraibar la nieve había cuajado en el asfalto. Marcaba el Km.6 cuando aquello se empezaba a poner feo y decidimos dar la vuelta. Un coche ponía las cadenas y, si bien yo las llevaba, no era cuestión de andar con esas historias por ahora; podíamos esperar. Nos detuvimos en Baraibar y dimos una vuelta por el pueblo. Nunca habíamos estado mas que para tomar algo, así que nos pareció un buen momento para saldar deudas.

Sonabas las once cuando una fila de coches cruzaba el pueblo rumbo a Albi. El tiempo se había calmado y pensamos en dar una segunda oportunidad a nuestro plan inicial.

En esta ocasión, pasamos el km. 6 sin problemas. Se notaba que muchos vehículos habían puesto las cadenas porque la nieve estaba completamente revuelta y medio fundida. Solo en los laterales aparecía prensada y presumiblemente deslizante y peligrosa. El todoterreno agarraba bien y avanzábamos con una pequeña conga a nuestras espaldas. Sin embargo, en el Km. 8,5 nos detuvimos.



Al fondo, un par de coches cruzados impedían el paso y tomamos la decisión de darnos la vuelta. Sí, llevábamos víveres, el depósito lleno, cadenas y todo eso; y sí, podíamos llegar hasta Albi sin más problema que, tal vez, detenernos a poner las cadenas en las ruedas. Pero en un instante pensé en lo que sería encontrarnos en esa misma situación cuando bajáramos: un par de coches bloqueando el camino, nosotros en el lado malo y la reportera de la ETB entrevistándonos por la ventanilla.

_¿Usted cree que ha sido prudente aventurarse en esta situación con el plan de alerta por nevadas activado y con dos niños pequeños?
_Pasapalabra.

Volvimos a Babaibar y reconsideramos el plan.



Con el frontón abierto, una pelota y peonzas entre las posesiones de los muchachos, jugamos, comimos y nos lo pasamos como nos lo teníamos que pasar, antes de volver a Donosti.


(Aimar, rememorando el famoso atxiki de la final de 1984 en el frontón donde aprendió Galarza III)

PD: Y una pincelada de humor navarro.


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