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jueves, 10 de octubre de 2013

Un día en el Aquarium.

Los niños salieron del "cole" acelerados; en sus manos blandían sendos folletos. Se trataba de la agenda del hiphipurri, el October children de otras ciudades. Consiste en una serie de actividades culturales que, durante el mes de octubre, se desarrollan a lo largo de la ciudad.

_¡Yo quiero ir a los tiburones!- decía Aimar mientras señalaba la página en cuestión: "Visita guiada a los tiburones del Aquarium de Donostia".

Nieves no dijo nada. No quería ponerle más nervioso, pero sabía que iríamos.

Por la tarde, llamamos para ver si había que reservar plaza.

_Nada, nada.-contestó una voz femenina. Os pasáis y ya está.

Las narices.

El sábado madrugamos como un día de labor. Nos vestimos para la ocasión y salimos temprano.


Llegamos los primeros y decidimos dar una vuelta. Para cuando volvimos, ya se estaba empezando a formar una cola. Al rato, apareció una chica por ahí.

_¿Estáis para la visita? Enseguida abrimos.

A las diez en punto abrieron las puertas (más bien las corrieron) y pasamos. La chica ya estaba dentro.

_Bueno, a ver, ¿habéis reservado todos?
_Eh... Uh... Oye, esto... que llamamos ayer y nos dijeron que no hacía falta.
_Jo, qué gente, esos no se enteran. Bueno, venga, no importa, id pagando y empezamos.

La visita estaba centrada en los tiburones (obvio con ese título). La guía nos fue llevando, a los veintitantos niños y algún adulto menos, por las distintas zonas del edificio. Empezamos por las mandíbulas, explicando los pormenores de sus tallas, alimentación y distintos grados de ferocidad, cosa del agrado del público infantil, vista la cantidad de preguntas que le hicieron (Carcharodón Megalodón, incluido) . Luego pasamos por la visita obligada del esqueleto de la ballena que, si bien no es un tiburón, sí que atrajo la atención de los niños al saber que se pescaba con txalupas no hace mucho.



Y terminamos adentrándonos en el oceanario para ver los tiburones (y demás peces) a través de las cristaleras. Cuando ya pensábamos que nos iban a enseñar un vídeo, la guía abrió una de esas puertas que siempre están cerradas y comenzó la visita a las entrañas del Aquarium de Donostia.

En este caso, las entrañas no están dentro o debajo, sino arriba. Subimos por unas escaleras y entramos en la cocina del Aquarium. Una cocina sin fuego, donde preparaban y troceaban la comida de los peces.

_¡Huele a Sushi!- dijo Aimar.

Y no le faltaba razón.

Seguimos subiendo hasta lo más alto y vimos a los buzos preparándose para la inmersión. Más tarde los veríamos dar de comer a los tiburones y mantarrayas, no sin ciertas precauciones.


Terminamos viendo las anchoas y los peces tropicales antes de darnos cuenta de que llevábamos casi tres horas deambulando en la penumbra.

Ya habíamos estado muchas veces en el Aquarium pero, ciertamente, nunca como ésta.

PD: Aunque realmente olía más a sashimi.

3 comentarios:

IMANOL dijo...

Ya explicó Ander que lo de las txalupas era para la sardina...rompiendo el mito de las regatas y su origen ballenero.

Sergio dijo...

Imanol, digo txalupa, no trainera. Tienen una cortada por la mitad junto a la ballena, aunque igual mejor nos lo aclara Ander si pasa por aquí.

Roberto Gómez dijo...

¡Magnífica foto la del tiburón!