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domingo, 13 de octubre de 2013

Llegó el otoño.

Ayer paseábamos por la Plaza Gipuzkoa. Últimamente sus soportales se han llenado de cafeterías y pastelerías y el olor es sensiblemente más agradable que antes, cuando solo había contenedores de basura y autobuses. Pero esta vez no era el aroma a café, bollos y pan lo que flotaba en el aire. Esta vez, unido al fresco de los últimos días, el olor a otoño se resistía a subir y quedaba atrapado en las capas bajas de la atmósfera, entrando en nuestras pituitarias. Y donde digo otoño, digo castañas.

El castañero ya ha desplegado su caseta y hemos estrenado estación con un puñado de dulces (y caras) castañas.



Por diversas circunstancias, este año no hemos ido a nuestra habitual excursión castañera, coincidente con el primer viento sur de octubre. Tal vez más adelante recolectemos alguna, pero todos sabemos que no será lo mismo, ni en cantidad, ni en calidad.

PD: Ni en presencia de gusanos.


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